No podemos seguir autoexcluyéndonos

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José Pablo Arellano
Raúl E. Sáez C.
Columna de opinión para El Mercurio

Para un país pequeño como Chile, la recuperación económica y el crecimiento de los próximo años tendrán que descansar en un grado muy importante en sus exportaciones. El panorama del comercio internacional probablemente será más difícil e inestable que el de las décadas previas. Chile tiene una nueva ventaja: los acuerdos comerciales que le dan facilidades y que han probado ser muy importantes para la expansión y diversificación de nuestra canasta exportadora.

Chile fue líder y acordó con un grupo muy relevante de países el TPP. Esta acuerdo transpacífico es consistente con la estrategia que Chile ha seguido durante ya al menos tres décadas de integración al Asia-Pacífico. En sus aspectos fundamentales el TPP contiene normas que ya son parte en otros tratados de libre comercio, pero modificando aspectos que no habían quedado resueltos satisfactoriamente, recogiendo así lecciones de la experiencia. El capítulo de inversiones es una muestra de ello, ya que, en comparación con acuerdos anteriores, reduce la posibilidad de que inversionistas extranjeros demanden al Estado de Chile por nuevas normas ambientales.

Este acuerdo firmado por Chile en febrero de 2016 y vigente desde enero de 2019 ya fue ratiicado por siete de los 11 países participantes: Australia, Canadá, Japón, México, Nueva Zelandia, Singapur y Vietnam. En nuestro caso aún falta completar su despacho en el Senado.

En el intertanto, en el resto del mundo se sigue avanzando: el 15 de noviembre el TPP dejó de ser el único acuerdo megarregional en el planeta. Ahora hay otro acuerdo con múltiples miembros que cubre una parte importante de la producción y el comercio globales. Los 10 miembros de ASEAN, mas Australia, China, Corea del Sur, Japón y Nueva Zelandia suscribieron el acuerdo RCEP, por sus siglas en inglés. Sus 15 miembros representan el 30% del PIB y poblaciones mundiales, y 27% del comercio global. En un año en que el comercio mundial ha sido trastornado por la pandemia de covid-19, y por los enfrentamientos entre las grandes potencias, este es un resultado que debe ser bienvenido. Por vez primera, la segunda economía del mundo se une a un bloque megarregional por medio de un tratado de libre comercio.

RCEP es un proyecto asiático que formaliza el crecimiento y consolidación de las cadenas de valor que unen a ASEAN con el Noreste de Asia. No obstante, en comparación con el TPP, es un acuerdo menos ambicioso en términos de liberalización de comercio y progreso en nuevas reglas. No es un acuerdo anti-EE.UU., como algunos han intentado pintarlo. Sin embargo, es un llamado de atención a los norteamericanos, que optaron por retirarse del TPP y paralizar el sistema multilateral de comercio. No es evidente que EE.UU. busque retornar al TPP en el corto plazo. Las prioridades de la nueva administración norteamericana estarán en el control del virus y la vacunación de la población, la recuperación de la economía y el empleo, y restablecer consensos nacionales básicos después de un gobierno que profundizó la polarización política y social.

EE.UU. se acercará a Europa para restablecer los vínculos rotos por la administración Trump y probablemente ambas partes encuentren una fórmula para reponer la cooperación en materias comerciales ante el desafío de China. En tanto, el Reino Unido ha manifestado su interés e ingresar al TPP una vez que abandone la UE para así no quedar fuera de los acuerdos megarregionales.

Los miembros de ASEAN y China ya tienen su megaacuerdo reional. No podemos seguir autoexcluyéndonos de esta tendencia y perdiendo oportunidades de exportación y crecimiento relevantes para los próximos años.

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