La ruta de Cortázar

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Publicamos extractos del nuevo libro del ex ministro e investigador de Cieplan, René Cortázar, que fueron difundidos en la revista Qué Pasa .

Pronto, el ex ministro de Transportes René Cortázar lanzará el libro Transantiago: 10 claves para enfrentar crisis (Uqbar Editores). En el texto revela capítulos inéditos de los años en que debió lidiar con los problemas derivados de la implementación del nuevo sistema de buses en la capital. Acá, ocho episodios que reflejan hitos de la gestión y las lecciones que sacó de ese período.

En el living de Bachelet 

“Cuando la presidenta se refirió al Transantiago como una ‘mala palabra’, ya habían pasado varios meses desde ese sábado 24 de marzo de 2007, en que me había invitado, a través de su ministro de Hacienda, Andrés Velasco, a su casa, a las 10 de la mañana, para conversar sobre lo que estaba ocurriendo. Nunca antes había conversado con Michelle Bachelet. Sólo nos habíamos saludado durante la campaña. (…) 

Ahora estaba en el living de su casa, en la calle Burgos, esperando una conversación que sospechaba iba a cambiar de un modo radical mi vida. A los pocos minutos la vi entrar al living soleado. Más allá de su sonrisa amable, reflejaba en su cara y sus palabras su angustia frente a una crisis que afectaba a más de cinco millones de personas y que tenía conmovido al país. Entramos de inmediato en materia.

Me preguntó qué pensaba del Transantiago, de los errores que se habían cometido y de las soluciones que había que buscar. Le di mis impresiones. No era un experto ni tenía toda la información, pero había sido testigo, como todo el resto del país, de la magnitud del problema, y de la falta de condiciones para hacer una transformación de esa envergadura. Le dije que me parecía claro que no era posible hacer un cambio de ese tipo del modo en que se había programado. Que era evidente que los ingredientes necesarios no estaban disponibles. Y que no se iba a poder salir de la crisis en un plazo breve.

No era un misterio para mí, después de lo que había conversado con Andrés Velasco la noche anterior, que la presidenta me estaba entrevistando con miras a que me hiciera cargo del problema, como ministro de Transportes. Hacia el final de la conversación, que duró cerca de una hora, la presidenta me preguntó si estaría dispuesto a participar en su gobierno, a lo que respondí afirmativamente.

Lo había pensado a fondo la noche del viernes y estaba decidido”.

El «baipaseo» al ministro

“Ya desde comienzos de mayo, a cinco semanas de haber asumido, empecé a saber de ‘memos’ que llegaban a La Moneda con ‘soluciones alternativas’ a los problemas. No me los enviaban a mí, por supuesto. Partían de la base que el camino seguido no iba a dar resultado y preparaban el terreno para una nueva etapa. En una oportunidad le consulté sobre estos documentos al ministro secretario general de la Presidencia, José Antonio Viera-Gallo, quien me envió uno de los textos que circulaban. Hacía un diagnóstico sombrío sobre lo que estaba ocurriendo y ofrecía algunas soluciones alternativas. Algunas más efectistas que efectivas, pero que sonaban reconfortantes para quienes estaban angustiados con lo que ocurría”.

El anuncio del plan

“Redacté el texto que se llamaba ‘Plazos para la normalización del Transantiago’ para darlo a conocer el sábado 19 de mayo. Cuando estuvo listo llamé a la presidenta que se encontraba en Cerro Castillo trabajando en su mensaje del 21 de mayo. Le conté del plan, de las distintas etapas y del compromiso de normalizar el sistema en el curso del año, a más tardar el 31 de diciembre. También el hecho de anunciarlo el sábado 19. Respecto del compromiso de ‘normalización’ me preguntó: ‘¿No podría ser antes?’. Le dije que no era posible. Que poner cualquier fecha implicaba un riesgo, pero que no había modo de comprometer una fecha anterior a fines de año. Aceptó la propuesta. El sábado al mediodía estaba en el ministerio haciendo el anuncio”.

La «renuncia» que no fue

“La ocasión fue el 28 de septiembre del 2007. Un día de pleno sol. Al fin de la ceremonia hablé, como era habitual, con los periodistas. Volví a repetir que el sistema estaría ‘normalizado’ antes de fines de año. Y uno preguntó: ‘¿Y qué va a hacer usted si a fin de año no logra cumplir con su compromiso?’. Contesté: ‘Presento mi renuncia’. Fue la noticia con que abrieron todos los informativos del mediodía (…)

Poco después de mi declaración del Parque O’Higgins la presidenta me llamó por el teléfono presidencial, a través del cual se comunica con sus ministros y subsecretarios, y me preguntó: ‘¿Así que piensa renunciarme?’. ‘No tendría otra alternativa que presentarle mi renuncia si no cumplo’, fue mi respuesta (…)

Este episodio concluye en diciembre del 2007. Fui a ver a la presidenta, le dije que si bien los resultados habían mejorado mucho, ya teníamos todos los buses en la calle y los recorridos habían aumentado significativamente, no podía afirmar que se había ‘normalizado’ el sistema. Nadie lo entendería. La aprobación de las políticas de transportes por parte de los santiaguinos, no superaba el 15%. Ella coincidió conmigo. Quedamos en que le presentaría mi renuncia el día 14.

Así se hizo. En forma privada, en su oficina. Ella fue quien lo informó a la prensa. Pero luego dijo que me la había rechazado, porque estábamos en el camino que llevaría a una solución. Luego, yo hablé con la prensa y en mi declaración señalé que ‘me comprometí y no lo logré… por eso renuncié’”.

Las indicaciones incompatibles

“Es verdad que logramos aprobar una ley para financiar el Transantiago durante el año 2007, el primero de la crisis, pero con todos los votos de derecha en contra. Era una ley que contempló, además, un financiamiento equivalente para las regiones. Salió aprobada en el Senado por un voto. El del senador independiente Carlos Bianchi, que se sumó al apoyo del senador Fernando Flores, que ya no estaba en la Concertación pero aún no se aliaba con la derecha. Ambos votos se obtuvieron en una jornada febril, en las horas previas a la votación en sala en el Senado. El ministro secretario general de la Presidencia, José Antonio Viera-Gallo, circulaba de senador en senador, y cada cierto tiempo me traía una nueva indicación o ajuste al proyecto, necesario para sumar un voto a la aprobación, la que debía ser patrocinada, o sea firmada, por nosotros como gobierno. Llegamos al extremo de firmar indicaciones que no eran compatibles entre sí”.

La «avivada» de Piñera

“Se retomaron las conversaciones, pero ya no con los senadores (de la Alianza) sino que con los técnicos que ellos nombraron: José Cox, cercano a Sebastián Piñera, Cristián Larroulet, futuro ministro suyo, Ana Luisa Covarrubias, Rosanna Costa, que luego fue la directora de Presupuestos en el gobierno de Piñera, y el abogado Pablo Kangiser.

El trabajo fue relativamente fácil. Los puntos de desacuerdo eran mínimos, lo que me confirmaba que la férrea oposición al financiamiento público, en lo fundamental, no tenía una razón técnica sino que sólo una razón política. (…)

Luego de algunas semanas llegamos al texto final que debía ser aprobado por los senadores. Yo hablé con los de la Concertación, Jorge Pizarro y Juan Pablo Letelier, y no hubo problemas. Cuando Larroulet se encontraba en el proceso de consulta con los senadores de derecha, Piñera nos sorprendió anunciando él el acuerdo. Una hora antes de la conferencia de prensa, Larroulet me llamó por teléfono para decirme que esa había sido la decisión que habían tomado.

En las noticias se veía a Piñera rodeado de sus senadores, tanto los de la Alianza como los independientes, anunciando unilateralmente un acuerdo que había costado tantos años alcanzar. El ‘relato’ era que venían a ‘salvar’ a Transantiago y daba la impresión de que el acuerdo incluía cambios de fondo en las políticas que se estaban aplicando, lo que no era efectivo.

La ‘avivada’ de Piñera no cayó bien entre los senadores de la Concertación. Normalmente los acuerdos políticos se anuncian con ambas partes presentes. Sin embargo, él estaba en campaña, quería capitalizar el acuerdo y buscó dar la imagen que él había sido el factor clave en la solución. Tuve que recorrer uno por uno a los senadores de la Concertación para calmar los ánimos”.

El llamado del nuevo Presidente

“El sábado 23 de enero de 2010 sonó mi celular a las 9 de la mañana. Le mostré la pantalla a Ana María, mi señora. Decía ‘Sebastián Piñera’. Hacía seis días que había sido elegido presidente de Chile. La conversación fue larga, casi una hora. Lo conocía de hace cuarenta años y no habíamos hablado desde enero del 2009. Había sido un período con muchos desencuentros y diferencias. Al fin de la llamada me dijo que quería juntarse conmigo para hablar sobre las tareas del ministerio.

La reunión tuvo lugar el 16 de febrero de 2010, a las 8 de la noche, en la casa de José Cox. Estábamos los tres. Fueron tres horas de revisión, tema por tema, de los cambios que habíamos hecho y de los desafíos futuros, tanto en transportes como en telecomunicaciones. La escena, característica de Piñera. Él con un block, un lápiz a pasta y una regla, preguntando y preguntando. Eran pasadas las 11 de la noche cuando terminamos”.

¿Cuál fue el problema?

“Si alguien me preguntara cuál fue la principal causa de los problemas de Transantiago, diría: pensar que se podía saber más de lo que se podía saber. Es decir, pensar que se podía diseñar en un computador un sistema enteramente nuevo, con nuevos buses, nuevos recorridos, nueva tecnología y nueva infraestructura, para aplicarlo en una ciudad de más de cinco millones de habitantes, y que este funcionaría razonablemente bien. Que se podía saber todo lo necesario, antes de empezar. Que se podía apretar el botón el 10 de febrero del 2007 y todo comenzaría a caminar. Que no era necesario un proceso gradual para ir aprendiendo de la realidad a medida que se aplicaba la reforma”.

Fuente: Qué Pasa

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