Tal vez una de las paradojas de nuestra región y de nuestro tiempo es que, a la vez, experimentamos una de las situaciones democráticas más amplias y extendidas de toda nuestra historia republicana, o al menos de nuestra historia independiente, existe una percepción muy generalizada sobre la fragilidad de esas democracias. Se habla del «déficit» democrático o de los problemas de gobernabilidad democrática en América Latina.

Así, por ejemplo, nuestra región se prepara para realizar- o ya se han realizado, o están en proceso de hacerlo- una docena de elecciones hasta finales de 2006, lo que es un aspecto notable de la «democracia electoral» que campea por la región. Sin embargo, lo anterior coexiste con una serie de interrogantes sobre la solidez de estos procesos, muy distintos entre sí, en el contexto de la gran heterogeneidad de América Latina.

En términos más bien periodísticos, consideramos que esta paradoja está bien recogida en un titular de la revista chilena Siete+7, del 29 de noviembre de 2002, que decía «América Latina: democrática e ingobernable», aludiendo, por un lado, a la buena salud que goza la región en términos de democracia electoral y, por otro, a los serios déficit en términos de gobernabilidad.

Lo que sigue son algunas reflexiones que intentan aportar algunos elementos en torno a la tarea necesaria, impostergable y permanente de desentrañar algunas de las claves sobre las dificultades — así como las posibilidades — que encontramos para consolidar una democracia estable en América Latina, en condiciones aceptables de gobernabilidad.


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