Foxley: Una evaluación optimista del futuro de las economías de la región

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Alejandro Foxley, Presidente de CIEPLAN, analiza el futuro de América Latina y afirma que algunos países serán «economías avanzadas» en los próximos 10 a 20 años.

Un pronóstico que muchos comparten es que los próximos años serán los años de las economías emergentes. Las proyecciones para 2011 y 2012 es que estos países crecerán a más de 6% al año, doblando el promedio de la economía mundial.

¿Cuánto de este impulso dinámico de las economías emergentes se quedará en América Latina? ¿Serán los países latinoamericanos capaces de agarrar esta buena ola, como deberían hacerlo los buenos surfistas? Asia ya está arriba de la ola. Estoy convencido de que un grupo de países de América Latina está en condiciones de alcanzar en los próximos 10 a 20 años la meta de convertirse en “economías avanzadas”, según la definición del FMI.


«Tanto Uruguay como Chile deberían lograr la meta en los próximos 15 años».

De hecho, si uno proyecta hacia el futuro las tasas de crecimiento que el FMI tiene hasta 2015, tanto Uruguay como Chile deberían lograr la meta en los próximos 15 años. Brasil, México, Argentina y, probablemente, Colombia, también podrían convertirse en economías avanzadas en los próximos 20 años. Es más, si se superan las tasas de crecimiento proyectadas por el FMI, como es probable que suceda para países como Brasil, estas economías se unirán a Uruguay y Chile para convertirse en el primer grupo de países latinoamericanos en alcanzar un ingreso per cápita de US$ 23.000 o más (en dólares de 2008 y PPA) en la próxima década y media. Esto fue lo que Portugal logró en 2008, pero ojalá ocurra sin los desequilibrios financieros que actualmente enfrenta ese país y otras economías del sur de Europa.

«La presencia de una masa crítica de democracias consolidadas, con economías de mercado y con políticas sociales activas, es un componente clave del escenario post crisis».

¿Cuáles son las razones para un pronóstico tan optimista? El primer conjunto de factores positivos se refiere al buen manejo macroeconómico que mostraron la mayoría de los países latinoamericanos durante la actual crisis financiera global. A diferencia del pasado, no se presentaron grandes desequilibrios fiscales o en la cuenta corriente. La deuda pública es moderada si se compara con las economías desarrolladas y, ciertamente, manejable. La regulación financiera mejoró significativamente durante la última década. La integración a la economía mundial ha sido acompañada por una diversificación comercial, en especial hacia los mercados asiáticos. La pobreza se ha reducido sustancialmente e incluso la históricamente alta inequidad en los ingresos ha comenzado a descender.

Un segundo conjunto de factores positivos se relaciona con las condiciones políticas que prevalecen en la región. De hecho, la presencia de una masa crítica de democracias consolidadas, con economías de mercado y con políticas sociales activas, es un componente clave del escenario post crisis.

Esto ha sido posible porque tanto gobiernos de centroizquierda como de centroderecha han convergido de-facto hacia el centro político y hacia políticas sociales progresivas. Los casos de Brasil, Chile y Uruguay fueron ejemplos claros de ello durante los años 90, a los que más recientemente les han seguido Paraguay, El Salvador, República Dominicana y otros países que han evolucionado de la izquierda hacia el centro.

Los gobiernos de Santos en Colombia y de Piñera en Chile son ejemplos recientes de la centroderecha moviéndose hacia el centro político en términos de políticas económicas y sociales.

Esto es un buen augurio en cuanto a la estabilidad política y podría ser un “factor de arrastre” que induzca a otros países seguir por un sendero similar en el futuro. Si uno le agrega a esto que la influencia de los regímenes populistas, y su tendencia a tomar decisiones erráticas, está en declive, hay razones para sostener el optimismo.


«Las economías latinoamericanas enfrentan varios riesgos de caer en la trampa de los ingresos medios».

¿Será tan fácil o automático alcanzar estos resultados positivos? Hay muchos desafíos difíciles por delante. La pregunta pertinente, por lo tanto, es cómo aumentar las probabilidades para este escenario positivo frente a un hecho que se ha conocido como la “trampa del ingreso medio” que afecta a países con un nivel de desarrollo intermedio. Las economías latinoamericanas enfrentan varios riesgos de caer en la trampa de los ingresos medios.

El primer riesgo es que los países de la región se conviertan en víctimas de su propio éxito. El positivo pronóstico de crecimiento y el buen manejo de la crisis han vuelto a las economías emergentes muy atractivas para el capital extranjero. La tendencia ya es una realidad. Las economías de Brasil, Chile, Colombia, Perú y otras, están experimentando un fuerte ingreso de capitales, acompañado de una apreciación cambiaria, pérdida de competitividad para algunos sectores manufactureros, consumo excesivo y un potencial sobre endeudamiento de los hogares.

Este escenario se puede volver aún más riesgoso para los exportadores de commodities. Estos son propensos a la “trampa de los recursos naturales”: los altos precios de los commodities agregan aún más presión a la apreciación del tipo de cambio y contribuyen a una sobre expansión cíclica de la demanda.

Desde luego, una ventaja relativa de estos países es que aprendieron de los errores cometidos en el pasado. Pero se necesitarán nuevas respuestas de políticas públicas en otras áreas. Una se refiere a los ingresos de capitales. Probablemente sea necesaria una gestión contra cíclica en la cuenta de capital. Algunos países ya han aumentado sus requerimientos de reservas y han aplicado controles de capital, y probablemente se necesitarán otras medidas similares.


«Un segundo escenario de riesgo es perder competitividad frente a otras economías emergentes, principalmente las asiáticas».

La importancia de acumular reservas adicionales generadas por el boom en los precios de los commodities a través de fondos soberanos es otro ejemplo de los desafíos en este ámbito si se quiere evitar la trampa del ingreso medio.

Un segundo escenario de riesgo es perder competitividad frente a otras economías emergentes, principalmente las asiáticas. México y Centroamérica ya lo experimentan con China en la parte baja de la cadena tecnológica, como textiles y manufactura liviana. En el sector de alta tecnología, Corea del Sur, Japón, Taiwán e incluso India y China representan una amenaza para la meta de Brasil y Argentina de transformarse en competidores globales en algunas áreas de manufactura avanzada.

Colombia, Uruguay, Chile y Perú están en un lugar intermedio. Sin embargo, las pocas inversiones en líneas de producción que sean intensivas en el uso de conocimientos y la baja calidad de la educación son restricciones serias a la hora de aumentar la productividad y competitividad de todas las economías latinoamericanas.

«La experiencia asiática muestra que un proceso de integración de abajo hacia arriba, que comience primero al nivel de las empresas creando cadenas de suministro e infraestructura regional, funciona mejor para aumentar la competitividad que el enfoque de arriba hacia abajo que históricamente se ha utilizado en América Latina».

Una pregunta relacionada y relevante es por qué los países de América Latina no han sido capaces de aprender del Este Asiático. Esos países han estimulado una mayor integración de sus economías con el fin de volverse más competitivos. La experiencia asiática muestra que un proceso de integración de abajo hacia arriba, que comience primero al nivel de las empresas creando cadenas de suministro e infraestructura regional, funciona mejor para aumentar la competitividad que el enfoque de arriba hacia abajo que históricamente se ha utilizado en América Latina. En nuestra región existe la tendencia de firmar decenas de acuerdos, que crean estructuras institucionales que se sobreponen unas a otras, pero que tienen un impacto muy limitado a la hora de lograr una efectiva integración y una mayor competitividad de sus estructuras productivas.

Una tercera fuente de riesgo que puede llevar a la trampa de los ingresos medios es la dispareja calidad de las instituciones en las democracias latinoamericanas. Un ámbito obvio para mejorar es la calidad de la administración del sector público. El rescate de los mineros en Chile es un excelente ejemplo de una sobresaliente capacidad de gestión en un ámbito del sector público. Pero también es verdad que otras áreas del sector público chileno demostraron ser altamente ineficientes al enfrentar, pocas semanas después del rescate minero, una emergencia como el incendio en una cárcel en Santiago que se originó por un disturbio y que dejó 80 muertos.


«Algunas áreas urbanas en las grandes ciudades son verdaderos ‘Estados fallidos’ dentro del Estado».

Un segundo y severo déficit institucional es el de la seguridad para enfrentar graves problemas de crímenes y violencia. Algunas áreas urbanas en las grandes ciudades son verdaderos “Estados fallidos” dentro del Estado, zonas donde pandillas y mafias conectadas a la droga prevalecen sobre la policía y el sistema judicial. Esta debe ser la más alta prioridad para varios países en la región si quieren crear las condiciones para atraer las inversiones locales y extranjeras de alta calidad que se requieren para evitar la trampa del ingreso medio.

El reto final es mejorar la calidad de la política en las democracias latinoamericanas. No es un desafío exclusivo de la región. Se ha convertido en un problema cada vez mayor en países desarrollados como Estados Unidos. La fragmentación política y los grupos de intereses especiales con una influencia excesiva sobre las decisiones políticas llevan a que las reformas necesarias para impulsar un crecimiento más alto y una mayor competitividad tengan menos posibilidades de ser exitosas.

«Tal vez la prueba de fuego para las democracias latinoamericanas sea mostrar el coraje de erradicar el populismo en todas sus formas».

En una democracia, el populismo deteriora la calidad de la política. Ha sido un malestar con presencia histórica en América Latina, aunque actualmente se reduzca sólo a un puñado de países. El populismo suele llevar a un desperdicio económico, ineficiencia, decisiones erráticas en las políticas públicas y reglas inestables. 

Tal vez la prueba de fuego para las democracias latinoamericanas que comparten el objetivo de convertirse en economías y sociedades maduras y avanzadas en las próximas dos décadas sea mostrar el coraje de erradicar el populismo en todas sus formas.

Lo que se necesita es un verdadero rigor democrático al definir reglas e instituciones adecuadas que cuenten con un amplio respaldo de todo el espectro político. Y después hay que atenerse a las reglas concordadas, resistiéndose a la tentación de cambiarlas cuando se presentan ventajas políticas transitorias.

Lo que estoy argumentando es que la credibilidad de las instituciones democráticas debería ser en el futuro cercano una de las principales fuentes de la competitividad internacional. Esto marcará la diferencia que permitirá a los países de América Latina pasar el umbral y convertirse en economías avanzadas y democracias maduras o, por el contrario, quedar permanentemente atrapados en la “trampa de los ingresos medios”.

*Este texto se basa en una exposición que Alejandro Foxley realizó en la Universidad de Miami a fines de enero de 2011.

Fuente: CIEPLAN


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