Díaz: «El problema de la Concertación es de contenidos, pero también de credibilidad”.

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En entrevista con Álvaro Valenzuela de La Segunda, el investigador senior de CIEPLAN, analista político y ex asesor de Bachelet valora los acuerdos logrados por la Concertación y rescata el valor de que Ignacio Walker y Guido Girardi salieran «en la misma foto», pero advierte que las debilidades del bloque pueden «nublar» todo el proceso que se inicia.

«No es que la Concertación se esté muriendo; es que la están haciendo morir», escribió Francisco Díaz hace semanas, cuando el debate y las acusaciones mutuas colmaban al bloque opositor.

Parafraseándolo, ahora podría decirse que no es que el analista, ex speechwriter de Bachelet y mimebro de la Comisión Política del Partido Socialista se haya vuelto un repentino optimista, pero sí que sus temores de entonces algo se han disipado.

Para algunos, lo vivido por la Concertación en estas tres semanas bien podría llamarse «Mucho ruido por nada». ¿Sería un buen título?
La Concertación efectivamente metió mucho ruido. Pero el final del proceso es una promesa de iniciar un camino unitario, algo a mi juicio positivo. Ello, aunque no puedo dejar de reconocer que la promesa tiene dos debilidades. Primero, la credibilidad, que la gente la crea. Y segundo, que se cumpla.

Para llegar a una promesa, ¿era necesario decretar que la situación en la Concertación no daba para más, fijar plazos perentorios, anunciar reingenierías y pasar semanas acusándose?
Las discusiones del último mes no fueron tal vez las más edificantes: si tú quieres reforzar credibilidad, discutir acerca de rótulos o de cupos cuando el país entero quiere debatir sobre educación quizá no sea lo más fructífero. Pero tampoco creo que sea tan grave. Lo importante es que este año sólo en dos ocasiones han estado Ignacio Walker y Guido Girardi en la misma foto: cuando Walker votó por Girardi para presidente del Senado, y ahora. Lo que rescato de esa foto es la señal de empezar un camino de expansión a partir de la unidad.

¿No fue todo esto un regalo al Gobierno? Mientras éste aparecía en septiembre rescatando cadáveres en Juan Fernández, la Concertación debatía sobre su nombre.
Insisto: el debate no fue de lo más edificante y hubo formas poco prolijas. De hecho, la presentación del documento esta semana fue de una forma muy poco acertada. Pero lo importante es el resultado final, que marca un buen inicio.

”El propio documento (de la Concertación) habla de una generación sub 40. Y, mirando la foto del miércoles, entre cincuenta o sesenta personas, había sólo tres sub 40 y seis mujeres. Entonces, ¿para qué declarar ciertos propósitos, si después no los cumples?”

¿Por qué la presentación no fue acertada?
El problema de la Concertación es un problema de contenidos, pero también un problema enorme de credibilidad. Si tú lees el documento, éste, entero, ya estaba anunciado en el programa de Frei en 2009, y la gente no nos creyó. Entonces, a ese documento hay que agregarle señales y gestos de credibilidad: renovación profunda de elencos, decisión política de los actores de remecer sus actuales posiciones de poder. Por ejemplo, si tú quiere reformar de verdad el binominal, tienes que redistritar Chile, ¿están dispuestos los parlamentarios de la Concertación a cambiar sus propios distritos? Cuando ellos digan sí, estamos dispuestos, aunque dejemos de ser parlamentarios, la gente nos va a empezar a creer.

Pero en cuanto a la renovación de rostros, ¿no es un ejercicio que ya hizo la Concertación, con el cambio de sus directivas?
El propio documento habla de una generación sub 40. Y, mirando la foto del miércoles, entre cincuenta o sesenta personas, había sólo tres sub 40 y seis mujeres. Entonces, ¿para qué declarar ciertos propósitos, si después no los cumples?

Si eso es lo negativo, ¿qué cosas le hacen tener expectativas?
Primero, hay una autocrítica justa. En nuestro gobiernos hubo cosas que se hicieron muy bien, otras que no; cosas que quedaron pendientes y aspectos en que no se pudo avanzar porque el sistema institucional heredado lo impedía. Para hacer esa autocrítica se requiere serenidad y sobre todo una dosis de buena fe y justicia: esa es la visión que prima en el documento.

El segundo mérito es la vocación de unidad. Quien mejor lo reflejó fue don Patricio Aylwin: esto se trata de ampliarse, pero sin echar a nadie. Por eso la foto de Walker con Girardi es fundamental.


«Si alguien creía que se pueden hacer cambios profundos en Chile sin contar con el socialcristianismo, estaba profundamente equivocado, desde el punto de vista electoral y político”.

Y lo tercero es que hay una explicitación de contenidos programáticos que yo creo es lo que Chile necesita hoy: una suerte de nuevo pacto social, de cómo el Estado regula su relación con la sociedad; una reformulación profunda de la institucionalidad política, un cambio constitucional completo, y una nueva política de desarrollo. Es bueno que estemos de acuerdo en eso.

El problema es que las dos falencias, la de que esto se cumpla y que sea creíble, son tan grandes, que eso puede llegar a nublar este proceso si en el corto plazo no hay muestras concretas de los partidos de querer efectivamente llevar adelante esto.

¿Por ejemplo?
Los partidos hablan de crear un foro democrático donde participen otros partidos y movimientos sociales, y allí debatir los temas de contenidos. Que eso se haga, ¡pero de verdad! Que pasemos de este ruido a acciones concretas.

¿Y no echó de menos alguna referencia a llevar candidato presidencial único?
Es que eso puede terminar siendo una consecuencia natural del proceso. Pero, dicho eso, yo sí habría sido más explícito en decir que la ambición de este foro democrático es llegar con un candidato único de la oposición al 2013. Pero no hay que apresurarse; lo importante es que hay un deseo de iniciar un camino conjunto, de abrirse a la ciudadanía desde el entendimiento del centro con la izquierda y con un objetivo de mediano plazo, como son las municipales. Si eso resulta bien, las cosas se van a dar naturalmente.


“Lo importante es que hay un deseo de iniciar un camino conjunto, de abrirse a la ciudadanía desde el entendimiento del centro con la izquierda”.

Para muchos, lo que subyace es la preocupación de algunos sobre «cómo vamos a ir nosotros en el retorno de Bachelet a La Moneda». ¿No percibió Ud. eso como un ruido de fondo en este debate?
Hubo especulación respecto de si vuelve la Presidenta y con quién gobierna… especulación a veces interesada, a veces desinteresada. Pero se trata del paso 300 en este proceso, y nosotros estamos recién en el tercero.

Ud. escribió que no es que la Concertación se esté muriendo, sino que la están haciendo morir. ¿Se le ha disipado ese temor?
Sí, se me ha disipado un poco. Yo argumentaba que si alguien creía que se pueden hacer cambios profundos en Chile sin contar con el socialcristianismo, estaba profundamente equivocado, desde el punto de vista electoral y político. La señal que leo esta semana apunta en ese sentido: tiene que estar esa alianza, ese eje. Ahora, reconozco que la vara que estoy poniendo es bastante baja.

Fuente: La Segunda

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