Cieplan celebra 40 años reivindicando la política de los acuerdos

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Revisa el reportaje realizado por el diario El Mercurio en el marco de los 40 años de Cieplan.


«Si pudimos persistir años con el discurso de los acuerdos, ¿por qué vamos a abandonarlo ahora?»


Alejandro Foxley

«En democracia ha habido 15 ministros de Estado que han sido de Cieplan. Y de los 7 que han pasado por Hacienda, 5 son de acá, menos Alberto Arenas y Nicolás Eyzaguirre», dice Alejandro Foxley (DC) desde su oficina como presidente del think tank . Está en una época de balances y recuerdos al enfrentar el aniversario 40 del centro de estudios que fundó. Si bien dice no querer entrar en temas de la coyuntura, en sus palabras se nota la preocupación ante posibles «atajos» para enfrentar los problemas, como el populismo y la tentación refundacional.

Para contrarrestar ello, reivindica la política de los acuerdos, la misma que llevó a cabo cuando estuvo a cargo del programa económico social de la naciente Concertación. Época en la que debió consensuar posturas con el sector más de izquierda. Allí, su interlocutor era el entonces PS Carlos Ominami, con quien, tras duras confrontaciones, terminó integrando el equipo económico del gobierno de Patricio Aylwin, «un equipo extremadamente bien ensamblado», recuerda el ex titular de Hacienda.

-Hay quienes critican hoy esa política de los acuerdos. Dicen que si se tiene mayoría, se debe imponer y que ya no es necesario buscar esos consensos. ¿Qué opina al respecto?

-Nosotros validamos, con igual fuerza que durante la transición a la democracia, la idea de que es fundamental reconstruir acuerdos sobre elementos básicos de la estrategia nacional de Chile para los próximos 10 a 20 años.

Y repasando su experiencia tanto en Cieplan como en el Ministerio de Hacienda, luego en el Senado y en la Cancillería, comenta que en los 90 empezó, junto con otros economistas, «a mirar la experiencia de países afines exitosos, que hace 20 o 30 años habían sido países de ingreso medio y que habían logrado transitar a economías avanzadas y democracias estables, como Finlandia, Irlanda, Nueva Zelandia, Corea. Y la experiencia muestra que pasar de esa etapa a la otra es mucho más complejo que salir de país pobre a ingreso medio. Por lo tanto, hay que hacer un esfuerzo mayor para concordar las líneas gruesas de lo que hay que hacer».

Y en ese proceso, dice, surgen nuevas realidades y nuevos desafíos:

«Por ejemplo, la clase media emergente. Cuando ha habido un buen ciclo de crecimiento, como en la década pasada, mucha gente dejó la pobreza y ahora es clase media. Pero es una clase media con dos características principales: siente que logró llegar ahí como resultado de su propio esfuerzo, y entiende que vive en un mundo donde se le abrieron oportunidades, pero donde también hay nuevas inseguridades. Crecen los núcleos urbanos, hay mayor acceso al consumo, pero también problemas nuevos como delincuencia, inseguridad en los barrios, etc. Entonces, hay una temática nueva que requiere soluciones más complejas, que no signifiquen volver a una especie de paternalismo del Estado. No se trata que el Estado los lleve de la mano y les asegure esto y lo otro, pero sí que les diga ‘ahora usted hace camino, pero hay un piso de seguridad en la vida que alguien tiene que garantizar’ «.

Pero advierte:

«Es muy fácil hacer atajos ahí y los atajos son normalmente de dos tipos: el populismo, que uno lo ve a menudo en los Congresos, sobre todo cuando hay reelecciones indefinidas… muchas veces se instalan en el Parlamento agendas para resolver temas rápidamente que la gente va a aplaudir, pero que, más allá del corto plazo, es muy difícil garantizar su permanencia. Y el otro atajo es el refundacional, que es decir «mire, en realidad si hay estas inseguridades es porque hemos hecho todo mal, el punto de partida estuvo mal; por lo tanto, hay que buscar otro punto de partida y otro camino». Son muy típicos en la región.

-¿Y cómo podría ser que Chile diera ese salto a una economía avanzada como han dado otros países similares?

-Si se mira del 90 en adelante, Chile ha dado un salto indudable. Es otro país, en términos de crecimiento económico, control de la inflación. En materia de políticas sociales también hay un avance enorme, aunque hay nuevos desafíos de la nueva clase media. La internacionalización de la economía chilena es impresionante. Esto traspasa los colores políticos. Lo que hay que hacer es profundizar esas cosas y dar cuenta de los problemas nuevos. Y es posible en la medida en que se ataque un tema subyacente en todo esto, que es la calidad de la política, y así no caer en la trampa de los países de ingresos medios, que consiste en que se empieza a dar vueltas en lo mismo, las tasas de crecimiento bajan y se mantienen abajo, los problemas sociales no se resuelven a la velocidad que se requiere, la clase media retrocede…

-Y en ese escenario, ¿es posible caer en esos atajos que menciona?

-Claro, y los atajos llevan a una pérdida de ruta. Durante algún tiempo muestras resultados y después se retrocede.

«Para evitar caer en la trampa de los países de ingreso medio se requiere una mayor calidad de la política. Por lo menos, una calidad de la política comparable a la que existió en el momento de la transición a la democracia, cuando casi todo el mundo se dio cuenta de que por el camino que íbamos no llegábamos a ninguna parte, y aunque teníamos diferencias muy fuertes con gente que había estado en el gobierno militar, comprendimos que había que buscar un entendimiento en temas más básicos. Hoy día no es esa la materia que nos divide, pero hay que buscar acuerdos básicos y mejorar el cómo se hacen las cosas, y en eso tenemos responsabilidad compartida. No es solo el Gobierno, es también el Congreso, el Poder Judicial, etc.».

-¿Por qué se fue perdiendo esa calidad de la política, según usted?

-No quiero entrar en eso, pero sí creo que las distintas instituciones tienen que asumir su rol. Lo central es que los actores principales del juego democrático entiendan que estamos en una situación muy compleja, que es típica de países de ingreso medio. Problemas mucho más complejos requieren más calidad en el diseño de las políticas y más calidad en las políticas. Nosotros vamos a seguir hablando de esto hasta agotarnos. Este ha sido el tema de Cieplan desde siempre.

-Pero hay críticos que señalan que solo para los 90 eran necesarios esos acuerdos y que, incluso, en ese momento se cedió más de lo necesario.

-Nosotros aprendimos por el camino difícil, que fueron 17 años de gobierno militar, pero aprendimos el valor de la persistencia. Además, en todo lo que uno hace hay aciertos y errores. Yo no me voy a dedicar a mirar lo que hemos hecho en los últimos 25 años y hacer listas de errores. No cabe duda de que pudimos hacer las cosas mejor, pero el balance para el país, para la gente, es lo que importa. Y el balance es muy positivo. En eso, todos los sectores han contribuido; casi todos. Si pudimos persistir años con el discurso de los acuerdos, ¿por qué vamos a abandonarlo ahora? ¿Porque alguien nos dice que somos conservadores o no sé qué? No me importa lo que digan. Yo sé que lo que aprendimos tiene validez, porque es una verdad que uno la ve en todos los países afines exitosos que han logrado salir de este trampa, que es una buena política de los acuerdos, que es descubrir 3 o 4 estrategias de desarrollo que todos apoyen, y que es calidad de las políticas públicas.

«Los Cieplan ‘se agarraban’ con los Chicago»

«A Cieplan llegué en 1988, como ayudante de investigación. Trabajé ahí cuando estaba todavía en la universidad y después me contrataron más tiempo. Ahí era parte de un grupo de gente muy joven, todos buenos alumnos de las universidades, que entonces nos hicimos amigos y seguimos siendo amigos toda la vida: Andrea Repetto, Fernando Lefort, Dante Contreras, Andrés Gómez-Lobo», recuerda el jefe de las finanzas públicas. «En esa época había pocos espacios de debate y ahí se daban, eran bien intensos. Los economistas de Cieplan ‘se agarraban’ con los Chicago en diversos temas». Típico era que, dos veces al día, los investigadores compartieran un café. «En el patio había café y agüita, duraría 20 minutos, pero era un intercambio muy interesante. Foxley estaba ahí conversando pero uno casi no se atrevía a acercarse… le teníamos mucho respeto… Yo era cabro, de 23 años, 22 años, y Foxley era ya un economista muy prestigiado. Eso se reflejaba incluso en el té: nosotros debíamos haber tomado cualquier té y el tomaba un té Twinings que se lo traía especialmente».

El día en que Cortázar reclutó a Marcel

Mario Marcel cree ser «uno de los pocos que hicieron la carrera completa, desde ayudante de investigación a investigador senior en Cieplan». Ingresó en 1979, cuando estaba en tercer año de universidad.

«Me presenté de puro patudo, sin conocer a nadie y consciente de ser muy joven (tenía 19 años) y no tener experiencia profesional. Me entrevistó René Cortázar, que me llamó la atención por la velocidad a la que hablaba. Aunque no me dejó mucho espacio para explayarme en mis respuestas, debo haberle causado buena impresión porque un par de semanas más tarde me avisaron que estaba seleccionado, siendo asignado a trabajar con Patricio Meller en un estudio sobre empleo», recuerda.

Sobre el aporte al país, señala: «En los meses previos al plebiscito de 1988 habría sido fácil quedarse en una argumentación contra el régimen militar, por el fin de la dictadura; sin embargo, si la oposición de la época fue más allá, preparando el terreno para la instalación del primer gobierno democrático, fue porque Cieplan lideró una reflexión profunda sobre lo que el país necesitaba con mayor urgencia».

Con shorts y poleras en una calurosa mansarda

«En la casa de Colón recuerdo trabajar junto con Andrea Repetto y Bernardita Escobar en una mansarda muy calurosa, con ventiladores, shorts , poleras y hawaianas», cuenta Pablo García, hoy consejero del Banco Central, sobre la antigua sede de Cieplan.

Allí también tuvo «intimidantes» reuniones con Patricio Meller, quien le corregía cada línea de sus trabajos. «Pero rápidamente me acostumbré al entusiasta estilo de trabajo del Pato», dice.

«Recuerdo haber asistido a varios seminarios internos donde se presentaban papers de René Cortázar y Esteban Jadresic, sobre ecuaciones de salarios e inflación. En ese tiempo pensaba que era un tema muy poco interesante. Veinticinco años después me encuentro que ya llevo década y media dedicado justamente a trabajar con modelos de inflación y política monetaria».

«Estar en Cieplan fue un buen contrapunto respecto de la excelente formación teórica en la Universidad Católica, en lo que se refiere a la capacidad de hacer investigación aplicada en política económica con el rigor que corresponde», apunta.

Mezcla de «crítica implacable», afecto y humor

«Estuve en Cieplan en dos períodos: a mi regreso a Chile después de terminar mi doctorado, entre 1988 y 1992, y luego entre 1994 y fines de 1996, cuando me tocó ejercer la Dirección Ejecutiva de la institución. En ambas oportunidades salí para trabajar en el Ministerio de Hacienda. En ambos casos también para reemplazar a ex cieplanes en el Ministerio de Hacienda (Marfán en la coordinación Macro y Arellano en la Dipres)». Así recuerda Joaquín Vial los constantes enroques entre el centro de estudios y la actividad pública.

«Los seminarios eran una mezcla de crítica implacable, rigurosidad, humor (no exento de ironía), pero con afecto. Fue un período de gran crecimiento personal y profesional, influido, entre otros, por Alejandro Foxley, Patricio Meller, José Pablo Arellano, René Cortázar, Ricardo Ffrench-Davis, Manuel Marfán, Oscar Muñoz, el inolvidable Nicolás Flaño y tantos otros, con los cuales trabajamos juntos (a veces al lado opuesto de la mesa, especialmente cuando me tocó ser director de Presupuestos) y, a pesar de eso, seguimos siendo amigos hasta el día de hoy».

Fuente: El Mercurio


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