Arellano: «El objetivo era la estabilidad económica, clave para la democracia»

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Lea la entrevista al investigador de Cieplan, José Pablo Arellano, publicada en el diario Pulso.

En 1976 José Pablo Arellano ingresó a Cieplan, el centro de pensamiento de la oposición, y de ahí se trasladó como director de Presupuestos al gobierno de Patricio Aylwin. Recuerda que el traspaso de mando fue colaborativo de parte de su antecesor, Pablo Ihnen. Incluso mantuvo a todos los funcionarios que venían: «Hicieron un trabajo profesional, muy valioso».

Durante esos cuatro años se colocaron varias primera piedras: se creó el primer fondo de estabilización de precios del petróleo y el ingreso básico docente; se establecieron las reuniones de los lunes con los parlamentarios de las comisiones de Hacienda; partió el sistema de concesiones; y se fijaron parámetros para la ley de Presupuestos.

¿Por qué se decidió mantener los cimientos del modelo económico que venía del régimen militar?
Esto no se abordó en términos de mantener o cambiar un modelo económico, sino de abordar los desafíos del retorno a la democracia. Primero hay que mirar la situación de esa época, ya que hoy día tal vez sea difícil imaginarla. Desde el punto de vista económico, a la vuelta de la democracia estábamos convalecientes de una crisis económica muy grande que hubo en Chile el 82-83. La inflación era de 20%, el PIB del país era menos de la tercera parte del actual, la pobreza era de un 45%, entonces el primer objetivo era no recaer y que no subiera el desempleo, que estuvo sobre el 20%.

¿O sea un país maltrecho?
Fue necesaria una renegociación de la deuda externa, estábamos bajo un programa de super vigilancia del Fondo Monetario Internacional (FMI), que venía cada 4 meses. En ese contexto el objetivo era la estabilidad económica porque eso también era fundamental para la democracia, no podía ser de otra manera, porque parte de lo que se necesitaba era dar gobernabilidad, estabilidad para que la democracia funcionara bien. 

¿Era entonces un requisito?
La democracia se había roto también con una crisis económica anteriormente; y además nuestros vecinos, los argentinos, los brasileros, que habían recuperado la democracia, habían tenido crisis económicas muy importantes, tuvieron desequilibrios, la inflación se aceleró, en fin, distintas situaciones; no era sólo un tema de nuestra memoria, sino que había pasado recién. Diría que se creó esa sensibilidad respecto del tema en toda la dirigencia política de la Concertación, la estabilidad económica era algo básico porque cuando uno está en crisis tiene que ocuparse de lo urgente y no de lo importante, y queríamos salir de eso. 

¿Y no era más fácil ser rupturista, y decir esta receta no sirve?
Es que no teníamos dudas respecto de lo importante de la estabilidad macroeconómica. Esta era la base para hacer una política con un fuerte componente social, lo que nos animaba como misión. Se definió el crecimiento con equidad, cambio con continuidad. 

¿Dónde estuvo el cambio?
Por ejemplo, el Gobierno había bajado los impuestos el año anterior, y nosotros pensamos que había que revertirlo y aumentarlos para hacer la política social, y eso era cambiar la política tributaria y fiscal. Ahora, sí queríamos reforzar lo que existía, como las cuentas fiscales ordenadas y la integración al mundo. Se aumentó el salario mínimo mediante un acuerdo entre empresarios y trabajadores, e incluso se logró pactar aumentos en base a inflación futura que era un signo de confianza. 

¿Cuánto influyó en los buenos resultados los buenos ojos con que miraba la comunidad internacional este proceso en Chile?
Había buena disposición, pero los inversionistas también toman en cuenta que las cosas marchen bien. Estaba presente esta idea de la responsabilidad y de la gradualidad, eso el Presidente Aylwin lo planteó con mucha fuerza en la campaña, y así se hizo porque no hubo mayores gastos hasta no contar con los recursos adicionales cuando se aprobó la Reforma Tributaria, y la gente lo entendió.

¿Qué se financió con esos recursos extras?
Se concentraron en aumentar el gasto social como aumentar las raciones de desayuno y almuerzos escolares, se reajustó el subsidio único familiar; se incrementaron unos pocos miles de subsidios habitacionales en el programa más básico de todos; se entregaron subsidios de agua potable y se reajustaron las pensiones más bajas. O sea, se dio prioridad a las personas que estaban con mayor necesidad. 

¿Por qué no se reabrió el tema de las privatizaciones si había críticas respecto de que se habían vendido a precio muy bajo?
Se priorizaron otras cosas como las que estoy diciendo, más que reabrir esas privatizaciones que pueden parecer muy discutibles. Un Gobierno tiene que optar por ciertas materias, no puede pretender abordar todo ni reformar todo.
 

¿Fue complejo pasar las primeras leyes de Presupuestos sin mayoría en el Congreso?
Ya habíamos tenido un trabajo con el Congreso durante la reforma tributaria. También hubo esfuerzo por hacer un buen diseño y un trabajo de preparación técnico-político en el sentido de construir acuerdos.

¿Hubo alguna ocasión en que debió convencer al Presidente Aylwin de alguna política? 
El Presidente nombró y respaldó al equipo económico. Ahora, él escuchaba opiniones, nos convocaba a propósito de un tema y tomaba decisiones cuando había más de una alternativa; a veces podría no estar 100% de acuerdo en algún detalle, pero respaldaba la orientación social que ponía muy fuerte como un sello que quería para su Gobierno. En esos 4 años tuve la ocasión de admirar la grandeza de Aylwin por la manera en que resolvía, siempre viendo el interés del país. 

¿Había mucha presión por mayor gasto? 
Había mucha conciencia entre los ministros y funcionarios de que no podíamos buscar atajos, y si alguien se excedía en alguna petición conspiraba contra el objetivo común, y en eso recuerdo que Aylwin fue extraordinariamente riguroso. Incluso de llamar la atención, de ser muy estricto con alguien que quisiera irse por la libre y no respetar lo que se había establecido como la prioridad común; y si alguno quiso dentro del Gobierno -y algún caso hubo por ahí- Aylwin fue tremendamente severo. 

¿Cuál es el legado de Aylwin respecto de la actualidad?
Sin duda el éxito de su Gobierno posibilitó la continuidad de los otros y muchos de los avances que ha tenido el país han sido gracias a un período mucho más grande de 20 años. Por cierto que puso un sello en aspectos como la austeridad, yo valoraba mucho eso además estando en la Dirección de Presupuestos. 

¿Qué lecciones destacaría?
Chile era un país bastante más pobre que el actual y hay mucha gente joven que no vivió eso. Aylwin deja la enseñanza en términos de ver la política como un servicio, de buscar el interés nacional, entender que para llegar lejos hay que hacerlo a paso seguro, de manera gradual, que no hay atajos, en fin, que uno tiene que contar hasta 3 a veces cuando hay algo que le disgusta. Él podía reaccionar con mucha fuerza, pero a veces era necesario tomar tiempo justamente para ser más objetivo. 

¿Por qué llegar a acuerdos cuando se es mayoría?
Si uno hace las cosas porque tiene unos pocos votos más, no está pensando en que puede perder esos votos y revertir lo que uno hizo. La gracia de los acuerdos amplios es que las cosas perduren. A lo mejor no consigo el 100%, pero voy a conseguir 80% y no va a cambiar a la vuelta de la esquina cuando gane el otro. Ganar por pocos votos no da estabilidad, ni perspectiva de largo plazo, la gracia de los acuerdos, aún teniendo mayoría transitoria, es que yo involucro al otro y consigo algo que va a durar.

¿Qué le diría a quienes piensan que un acuerdo es transar principios?
Es que no se trata de transar los principios, se trata de buscar algo que, sin salirme de mis principios, también tome en cuenta lo que piense el otro, porque al final estamos construyendo un país para todos. Esto no es suma cero. Creo que a veces porque estamos muy lejos de las situaciones de crisis, no vemos la gravedad que puede tener polarizar, ni vemos el valor de los acuerdos para cambios más duraderos.

¿Recuerda algún ejemplo?
Por ejemplo, para mí el objetivo de la reforma tributaria (de 1990) era una recaudación mayor para el programa social. Qué impuestos mover era un tema práctico, no se consiguió todo como el alza del IVA que la aprobaron sólo por 4 años. Y al término del período logramos que se mantuviera porque se estaban cumpliendo los objetivos y era difícil oponerse. Hay que hacer las cosas técnicamente bien, evaluarlas, ver los efectos, no se puede hacer todo, hay que elegir. Si uno convierte las herramientas en materia de principios se autolimita.

¿Ve riesgo de polarización en la forma de hacer política hoy?
La gente se enoja con la política y con los dirigentes cuando ve que no actúan para el interés general, cuando hay un desgobierno, cuando no se toman decisiones o se está cambiando permanentemente, cuando se improvisa, cuando hay permanente pugna. No quiero entrar al detalle, pero creo que un riesgo de los desencuentros excesivos es que se arriesga la gobernabilidad y la gente se desafecta más por la política. 

¿Eso está presente hoy?
En la medida que se convierte en una práctica, por supuesto que vamos cayendo en esa situación y el país tiene mucho que avanzar, muchos problemas por resolver, por tanto requiere soluciones más duraderas.

Fuente: Diario Pulso

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