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23/08/2015

"Los ministros de Hacienda tienen que levantar la voz dentro del gobierno"

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Publicamos la entrevista que el ex ministro y director del Programa Cieplan-UTalca le dio al diario La Tercera.


"Hace cuatro o cinco meses pensaba que había que dar vuelta la página y ponerse a pensar en el programa del próximo gobierno". Así de decepcionado estaba Manuel Marfán con el rumbo que había tomado el gobierno.

Desde que dejó el Banco Central, donde fue vicepresidente y estuvo 10 años, se atrincheró en las oficinas de Cieplan -ubicadas al lado del tradicional edificio de la Cepal- como investigador y ahora también con el rol de director ejecutivo del programa que este centro de estudios tiene con la Universidad de Talca.

Sigue militando en el Partido Socialista (PS) y confiesa que el nivel de discusiones que sostiene con sus otros partners de Cieplan, como son Alejandro Foxley, René Cortázar y José Pablo Arellano, todos ligados a la Democracia Cristiana, “es de alto vuelo y de todo mucho”.

¿Ya no está decepcionado? ¿Abriga una nueva esperanza en este gobierno?

Tengo la impresión de que el nuevo gabinete político-económico tiene una buena chance. De hecho, mi tono hoy es apoyar un marco ordenador que intenta poner en las reformas el ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, y con el apoyo del comité político, presidido por el ministro del Interior, Jorge Burgos.

¿Cuánto de la desaceleración que muestra la economía se explica por estos shocks autónomos?

Respecto de 2014, este componente autónomo explicaba entre un tercio y un cuarto de la desaceleración y para este año no hay estimaciones todavía, pero en principio da la sensación de que el componente autónomo ha sido mayor que el año pasado, porque al factor del ciclo internacional malo se ha sumado un mal ambiente para hacer negocios.

¿Por las reformas en curso?

Claro, es natural cuando un país está en proceso de reforma que se genere incertidumbre, pero el punto está en si las consecuencias que traen estos cambios son transitorias o estructurales y, a mi juicio, existe un claro riesgo de una desaceleración estructural de la economía chilena.

¿Sirvió el cambio de ministros?

Es evidente que hay un componente relevante en lo que fue el cambio de gabinete y la entrada de Jorge Burgos y de Rodrigo Valdés al comité político. Esto, porque los ministros salientes, a quienes les tengo respeto, evidentemente el empoderamiento que tenían venía directamente de la Presidenta, y ahora, en el caso de Burgos, él tiene peso específico propio, y en el caso de Rodrigo Valdés, éste tiene el perfil propio de un ministro de Hacienda, que uno sabe que es capaz de decir a viva voz las restricciones que pudiera haber.

¿Se ha notado?

Sí, se ha notado más allá de lo que han sido las discusiones recientes, respecto de dupla o no dupla, porque creo que esos son temas más bien de la farándula que de la política. En el caso particular de lo económico, se ha notado en el sinceramiento de las cuentas fiscales, cuyo ejercicio interno llevó a poner en el debate la repriorización y recalendarización de las reformas, porque muchas de éstas tienen altos costos fiscales y hoy las finanzas públicas no dan.

Usted hace un año se preguntaba: ¿Qué tan prioritario es el crecimiento en la agenda de este gobierno? ¿Ya tiene esa respuesta?

A todo el mundo le gusta crecer, pero no se notaba en este gobierno que se estuviera dispuesto a hacer un sacrificio para asegurar el crecimiento. Entonces, desde el momento que el ministro Valdés plantea, como lo hizo en la entrevista que dio a La Tercera el domingo pasado, que el crecimiento económico será un elemento a considerar a la hora de establecer la hoja de ruta del gobierno, y que es algo que ha venido impulsando el comité político liderado por el ministro Burgos, es una buena señal. Con esto, muchos de los contenidos de las reformas, probablemente, dejarán de ser un texto sagrado y pasarán a ser elementos que entran en un estado maleable respecto de la búsqueda de acuerdos.

¿Estos acuerdos deben ser buscados por el ministro de Hacienda?

Siempre he planteado que el buen gobierno tiene que tener una cabeza económica y una política, de manera tal que la lógica política no se extreme hasta el punto de pasarle la aplanadora a la lógica económica y viceversa, por cierto. Es decir, la autoridad se debe mover en un área donde las dos lógicas se intersectan, porque cada vez que la lógica política le pasa la aplanadora a la lógica económica, la economía se toma revancha, viene un tsunami de vuelta, nunca es gratis, y también pasa lo mismo al revés.

Un ejemplo de un comité político que haya logrado esta intersección.

La trilogía Boeninger, Correa, Foxley tenía toda esta lógica, por tanto, los temas que llegaban al ex Presidente Patricio Aylwin tenían una discusión previa que intentaba hacer esta conciliación. Fui testigo presencial cuando el Presidente Aylwin decía que ‘yo no sé si me gusta tanto lo que me proponen, pero si ustedes están de acuerdo, yo no seré un obstáculo’. En el gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle hubo varios intentos entre Genaro Arriagada y Eduardo Aninat, después con Juan Villarzú, y luego, cuando asumí como ministro de Hacienda, por un período corto, había una dislocación instalada entre la lógica política y la económica, pero logramos una dupla muy constructiva con el ministro José Miguel Insulza. El gobierno de Ricardo Lagos sale adelante cuando se consolida la trilogía Insulza, Ottone y Eyzaguirre, y así sucesivamente. Entonces, cuando ha habido ausencia de estas duplas o trilogías se nota en la discusión pública que hay intentos de aplanadora de la lógica política por sobre la lógica económica y viceversa.

¿Tiene la sensación de que hoy la Presidenta Bachelet le da el respaldo suficiente a su comité político, incluyendo a los ministros Burgos y Valdés?

No lo sé, porque no tengo la suficiente información. Cuando recién aparecieron los dos juntos pareciera que sí; luego la entrevista que la Presidenta da a La Tercera , sin embargo, me llamó la atención, porque la señal fue muy confusa. Los ministros de Hacienda no pueden ser regañados públicamente por el Jefe de Estado.

¿Cómo funciona, entonces, esta dupla sin un respaldo presidencial claro?

No tengo información privilegiada, pero me llamó la atención cuando Valdés y Burgos salieron a enfrentar a la prensa, creo que allí hubo alguna petite histoire que no es de conocimiento público. El lugar natural de apoyo político para los ministros siempre es el Presidente de la República, es quien tiene que dirimir muchas veces entre estas lógicas políticas y económicas que no siempre van de la mano.

¿La relevancia que le da al rol del ministro de Hacienda hoy es porque existe la posibilidad de que se pierda por falta de apoyo político?

Estas son cosas que son maleables. Pero los ministros de Hacienda tienen que poner en juego su cargo cuando sienten que se les ha perforado el piso en lo que es la lógica económica, porque los errores económicos van poniendo lastre al crecimiento. Lo importante es que el comité político sea un equipo y no un estorbo, que la discusión en su interior sea áspera, pero que todas las aristas se limen antes de llegar con el problema donde la Presidenta. Y no sé si dentro de los cuatro finalmente prima una cosa que contenga las dos lógicas, económica y política, o es una instancia de presión y negociación con el ministro de Hacienda.

¿Cree que el ministro Valdés puede permear en la Nueva Mayoría y el propio gobierno el discurso de cuidar el crecimiento?

Rodrigo Valdés tiene el perfil exacto para hacerlo. El hecho de que hasta el momento haya podido explicar sus puntos basándose en que el crecimiento debe servir como vara para seguir adelante con las reformas pone de manifiesto dónde está su línea de flotación. Ahora, ¿qué tanto respaldo podrá tener? Eso es algo que solamente el tiempo lo dirá. Pero lo claro es que una vez que el ministro establece su línea de flotación y se le perfora el piso, eso es causal de renuncia, cosa que no creo que ocurra.

En duda el desarrollo

Usted afirma que en este contexto es probable que la desaceleración económica se vuelva estructural…

Así es, porque la remontada de los otros sectores productivos, que no sean los ligados al boom de los commodities como la minería, no se ha dado y no se ve, por tanto, de allí la relevancia de que esta reconversión tenga como ingredientes un tipo de cambio real más alto, cifras fiscales en orden, una mayor inversión en energía, en infraestructura y donde lograr un clima favorable para los negocios forme parte del itinerario del gobierno. Es que por qué voy a invertir en determinados sectores si es que el crecimiento no es un tema al cual la clase política le dé importancia, se preguntan hoy legítimamente en el sector privado. En otras palabras, toda la desaceleración que es común en América Latina es el componente cíclico y el otro componente que no es explicado podría transformarse en estructural y eso sería fatal para la segunda oportunidad que tenemos en nuestra historia económica de dar un salto al desarrollo y, por lo tanto, también un salto a la equidad. Uno no puede explicar la reducción de la pobreza en Chile desde el año 87 hasta ahora sin adjudicársela a una mezcla de haber tenido un crecimiento elevado y a la convicción de enfrentar los problemas de pobreza con políticas específicas.

¿Y cuándo se alcanza el desarrollo? No hay nada que provoque más equidad que el salto al desarrollo y que, además, esté encabezado por lógicas del mundo progresista. Así se ha demostrado en muchos países, como los escandinavos o la España de Felipe González, donde el salto al desarrollo fue impulsado por el progresismo. Pero la manera cómo se está teniendo la discusión hoy día indica que parece que para lograr mayores niveles de equidad hay que detener el crecimiento. Por eso encuentro tan interesantes los puntos que el ministro Valdés ha ido enfatizando, porque hacer reformas que le pongan lastre al crecimiento sólo logrará colocar una serie de lastres a alcanzar la equidad; hacer reformas que respondan a intereses de grupos corporativos específicos y no considerar los intereses generales de la nación le pone también lastre al crecimiento; considerar que mantener el conflicto sindical no produce daño a la empresa es una visión utópica.

¿Cuál es la línea que debería seguir el gobierno con las reformas?

Los contenidos de las reformas tienen que ser aquellos que apoyen la equidad , porque eso es algo que este país necesita en su proceso de desarrollo, pero no pueden incorporarse cuestiones que le pongan lastre o que incluso impidan al crecimiento económico. Y quiero aclarar que esto no es progresismo versus no progresismo, esto es racionalidad versus quimera.

Las reformas

Vamos por reformas, ¿la educacional le pone lastre al crecimiento?

Cuando uno piensa una reforma educacional que es pro crecimiento, uno entiende la educación como un elemento que ayuda a mejorar las oportunidades y, al mismo tiempo, ayuda al crecimiento, pero hacer el pase escolar gratis, por ejemplo, no mejora la educación, es política de ingresos directamente. Lo mismo pasa con la gratuidad en la educación, ésta no mejora la educación, es política de ingresos y, además, cuando la gratuidad es universal, es política de ingresos mal focalizada.

¿Era mejor postergar esta reforma junto a la tributaria que se hizo para financiarla?

No podría haber estado más de acuerdo en que era necesario subir los impuestos para hacer una reforma educacional profunda, pero se descuidó el crecimiento en la reforma tributaria y se descuidó el crecimiento en los componentes de la reforma educacional. Entonces, me parece que si uno pone cierta racionalidad respecto de no entorpecer el crecimiento económico, entender que los recursos son escasos y que hay que cuidarlos, probablemente muchos de los malos ingredientes que tienen estas reformas se hubieran evitado.

¿Qué le parece el cambio propuesto por el ministro Valdés en la reforma tributaria?

La reforma tributaria tiene aspectos que, a mi juicio, se deberían haber hecho de forma muy distinta, porque se hacían impracticables y creo que esos son los que se están corrigiendo ahora. Pero, de todas maneras, a estas alturas es leche derramada y no voy a llorar sobre ella, nadie puede decir que no lo advertí a tiempo.

¿Cree usted que el ministro de Hacienda no tuvo piso para hacer un cambio más profundo a la reforma tributaria?

El poder del ministro de Hacienda es limitado. Me parece bien que esté priorizando las reformas y tratando de corregir los aspectos más complejos de la laboral y la educacional. Dada la forma y el momento en que tomó la responsabilidad de ser ministro de Hacienda es lógico la priorización que ha hecho, aun cuando con la reforma tributaria me habría gustado que la misma recaudación se consiguiera de otra forma.

Entonces, ¿el peso específico del ministro Valdés se notará en los cambios que logre propinarle al proyecto de reforma laboral?

Los ministros de Hacienda tienen que levantar la voz dentro del gobierno para que la lógica política no le pase la aplanadora a la lógica económica, y ese es el rol de este ministro de Hacienda. Cuando no cumple ese rol no es un buen ministro de Hacienda.

¿Y la reforma laboral tal como está hoy, también es parte de este grupo que afecta al crecimiento?

Sí, por supuesto. En la entrevista del ministro Valdés a La Tercera esbozó un criterio por donde vendrían los cambios que me pareció razonable. Primero, dice que tiene que haber proporcionalidad entre lo que es el paro y los efectos que tiene dentro de la empresa. Entonces, qué es lo que leo entrelíneas, que esa proporcionalidad también corre para el otro lado: que el 25% de los trabajadores en paro no puede generar un efecto de 100% sobre la empresa. Y, segundo, que no corresponde que las consecuencias de una paralización afecten a terceros de fuera de la empresa. Por ejemplo, si paralizan los trabajadores de Metro, el problema queda a nivel de la empresa y no de sus usuarios.

¿Con reemplazos en períodos de huelga?

La huelga tiene que ser efectiva, tiene que ser proporcional el porcentaje de trabajadores que paraliza respecto de los efectos sobre la empresa, insisto, con una simetría hacia los dos lados y que no pueda afectar a terceros fuera de la empresa.

¿A qué le atribuye usted que estas reformas tengan ingredientes que afectan el crecimiento?

Tomaré para esta respuesta una de las frases del ministro de Hacienda en la entrevista con este medio: “Aquí no estamos para gobernar para un gremio”. Ese es un principio de acción en el cual trata de explicar que se escucha a los gremios porque es legítimo que éstos se expresen, pero que el gobierno tiene que mirar siempre cuál es el interés general de la nación. Esa es una idea muy interesante, porque hay una sospecha fundada de que muchos de los ingredientes de la reforma laboral y educacional corresponden a presiones de intereses corporativos, ya sean del mundo sindical o de las organizaciones estudiantiles. De hecho, se ha visto que los grupos corporativos piden más y las encuestas menos.

¿Le creyó al concepto de “realismo sin renuncia”?

La semántica puede jugar malas pasadas. Tengo la impresión de que una reforma laboral y educacional son necesarias y una buena reforma tributaria era necesaria, pero la que hoy tenemos consideró supuestos que no son efectivos, como que el crecimiento se iba a mantener alto en 5% en un promedio de cuatro años, y como que el crecimiento no es una variable que había que cuidar. No hay que renunciar en avanzar en estos temas, pero me parece que si el objetivo de fondo es la equidad, es un pésimo negocio frenar el crecimiento para tratar de lograr equidad. No habrá más equidad si no damos este salto al desarrollo, y frenar este salto al desarrollo, por lo tanto, es un pésimo negocio desde el punto de vista de la equidad. El crecimiento solo no genera la equidad, pero sí es un ingrediente indispensable.

Fuente: La Tercera

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