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18/11/2018

El grito de Foxley: “Urge sacar a Chile de la trampa de su economía”

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En entrevista con La Tercera el economista hace un llamado al diálogo, a buscar consensos, a avanzar en una estrategia de desarrollo regional, de convivencia social y de crecimiento que permita estructurar una segunda transición exitosa.

Dice que sigue siendo democratacristiano. ¿Un poco más a la derecha, eso sí?, le preguntamos medio en broma, medio en serio. “No”, se apura en aclarar. “No estoy más a la derecha”, responde rápido. “Trato de ser consecuente con lo que he aprendido en todos estos años”, suaviza. Claro, siente que su trayectoria le da licencia como para alabar sin prejuicios, por ejemplo, la gestión del actual ministro de Hacienda, Felipe Larraín, y su equipo. “Tengo buenas expectativas de lo que pueda ser su gestión”, dice. Y a sentarse, “le guste a quién le guste”, a trabajar en la Mesa de Desarrollo Social a la que lo convidó hace unos meses el propio Presidente Sebastián Piñera.

Hace rato que Alejandro Foxley (79), atrincherado en Cieplan, no está en política activa. En esta entrevista no quiso hablar, en detalle, de Presupuesto, impuestos, pensiones ni empleo, los temas que dominan la contingencia económica. Hoy, lo que le quita el sueño y para lo que quiere tribuna es para algo que cree mucho mayor, el futuro de Chile. Lo que está pasando con esta economía de ingreso medio, la de US$ 25 mil de ingreso per cápita, que hoy, como advierte el exministro de Hacienda, “está siendo víctima de su propio éxito”.

¿Por qué que somos víctimas de nuestro propio éxito?

– Por la historia comparativa que existe. El Banco Mundial publicó un estudio sobre 100 países que en los últimos años han estado en este proceso de ingreso medio y, de esos, solo 10 pasaron a una economía avanzada. De América Latina, ninguno.

¿Y Chile tiene chance de lograrlo?

– Es posible. Me gusta la palabra posibilismo. Porque no es que sea optimista, eso sería un deseo, una palabra de buena crianza, y yo no lo expreso como un deseo. Hay condiciones suficientes instaladas en la clase dirigente para hacer el viraje. Está ahí. El tema es cómo se detona el proceso para cambiar el tono de la convivencia.

¿Es el Presidente de la República el que debe detonarlo?

– Tiene un rol fundamental, pero no es el único. En el Congreso hay parlamentarios de mucho talento que también deberían estar trabajando en esto. Hay que darles más voz y espacio para influir en la agenda pública. Lo mismo creo de dirigentes como Alfonso Sweet, de la Confederación de la Producción y del Comercio, y Bernardo Larraín, de la Sofofa, que están pensando en el futuro, no están anclados en el pasado, y están abiertos al diálogo.

La realidad
¿Cómo describiría la realidad actual de este Chile de ingreso medio al borde de caer en la trampa?

– Este es un Chile con nuevas expectativas. De gente que con su propio esfuerzo ha logrado mejorar su condición de vida. Un gran número de ellos logró incorporarse a la clase media emergente y hoy enfrenta problemas bien fundamentales. Para algunos, los más vulnerables -como decía Ricardo Lagos el fin de semana pasado en El Mercurio-, el problema principal es cómo llegar a fin de mes. A pesar de que están mejor que antes, viven con una inseguridad tremenda frente a cualquier problema inesperado de salud, empleo y para qué decir cuando se acerca la jubilación.

¿Y esa sensación de inseguridad repercute en el ánimo de toda la sociedad?

– Hay un alto riesgo de que muchos vuelvan a caer en la pobreza, que algunos se sumen a distintas formas de delincuencia y eso repercute en la comunidad, en la inseguridad cotidiana de los barrios, en los medios de transporte, en los parques. Esto es un típico caso de país que siendo de ingreso medio no es capaz de resolver a tiempo los nuevos desafíos y demandas.

¿Pero esa foto es real, generalizada? ¿Caímos en esa trampa? ¿O todavía estamos en el borde?

– Estamos en riesgo de caer. No hemos caído todavía, afortunadamente, pero el riesgo está. Necesitamos una política pública que llegue a la gente. Que sienta que quienes están gobernando, el Ejecutivo y el Legislativo, lo están haciendo para que haya un mejor futuro.

Si a mí me dicen cuál es el tema central para este país, mirando el futuro, para que tenga una segunda transición exitosa, hacia una buena economía solidaria y estable, diría la calidad de vida de la gente.

¿Qué haría para mejorar eso?

– Las políticas públicas se deberían medir, en cuanto a su impacto y resultado, si acaso logran efectivamente mejorar la calidad de vida de la gente.

¿Este gobierno está al debe en eso?

– No estoy hablando de este gobierno.

Ok. Pero es quien está al mando hoy.

– Hay muy pocos meses de gobierno todavía. Es prematuro juzgar. Cuando escucho al Presidente Piñera veo que se está haciendo un esfuerzo en esa dirección, pero todavía falta, falta mucho.

Los que pasaron
¿Cuál fue la clave de los 10 países que lograron salir de la trampa del ingreso medio?

– Entender a tiempo que las estrategias de desarrollo que se siguieron en la primera fase de desarrollo tuvieron que ajustarse a las nuevas condiciones de la economía mundial. Mucho más abierta, más competitiva, pero sobre todo inserta en la cuarta revolución industrial que avanza a una velocidad vertiginosa. La mayoría de los países desarrollados están haciendo esfuerzos por subirse a ese cambio. Lo de invertir con mano de obra relativamente barata para crecer no es un proceso indefinido, se produce escasez de gente en los oficios que requiere el cambio tecnológico y eso es lo que está pasando en Chile. No hay gente suficientemente calificada.

¿Nos hemos pasado los últimos años discutiendo de educación, no ha estado bien puesto el foco?

– En el gobierno anterior se puso énfasis en la educación superior, pero para enfrentar la segunda transición hay que hacer algo distinto, hay que invertir fuertemente en los primeros mil días de vida del niño. Ahí es donde se define la capacidad de aprender a aprender, de desarrollar competencias y habilidades para educación media y superior.

Para ser justos, este gobierno sí ha tenido un cambio respecto de la administración Bachelet. No solo en educación temprana, también hacia lo técnico-profesional, ¿ha ido en la dirección correcta entonces?

– El cambio de énfasis es correcto. El gobierno anterior no le dio suficiente atención, esa es la verdad. Aunque la educación técnico-profesional aún no está a la altura del salto que se requiere para esta segunda transición. El Sence no está funcionando. Para las empresas, a mi modo de ver, es casi una forma de obtener beneficio tributario.

¿No basta con lo que se está haciendo?

– Lo que falta es que se tome conciencia más allá del Ejecutivo, incluir a todos los actores políticos, que los dirigentes empresariales lo tomen en serio. Las empresas no han mostrado interés de hacer las cosas de otra manera. Las compañías alemanas trabajan con los sindicatos para adecuar los programas de formación y eso los obliga a pensar lo que se va a enseñar en los próximos 10 años, por ejemplo.

Los riesgo de la trampa
El salir o no de la trampa de ingreso medio es algo que permea a todos los estratos sociales, económicos y productivos, ¿qué puede pasar si no se resuelve bien?

– Para tener una segunda transición exitosa hay que generar un cambio cultural gradual; cuando esa trampa no se resuelve bien, lo que hace es exacerbar algo que ya estamos observando en Chile, una mayor confrontación entre la gente. Protestas y paros. Los estudiantes están realmente en una actitud insospechada de bloquear el camino hacia la calidad de la educación, clave para ellos mismos. Sin un cambio cultural gradual, que haga entender que a Chile le importa la calidad de vida de la gente, vamos a ir cayendo en la trampa.

¿Y cómo se hace ese cambio cultural?

– El punto principal es la capacidad de mayor colaboración y diálogo. Nadie tiene la verdad completa. Ni el jefe del Poder Ejecutivo, ni el parlamentario más destacado, tampoco el dirigente sindical que logra un mayor número de huelgas al año. Hay que dialogar, dialogar y dialogar. Al final se llega a una solución que probablemente no es la óptima desde el punto de vista del tecnócrata ni del senador, ministro o diputado, pero tiene la virtud de ser producto de un diálogo intenso y aceptado por todos.

¿Como ocurrió con la aprobación del proyecto Aula Segura?

– Ese es un ejemplo que hay que multiplicar cotidianamente.

¿Cree que este gobierno ha sentado bases para ese escenario de diálogo?

– Cuando escucho al Presidente Sebastián Piñera y a algunos de sus ministros veo un esfuerzo, pero esto es un aprendizaje, porque a veces, junto con ofrecer diálogo, terminan refiriéndose en duros términos a la oposición que, obviamente, tiene una reacción negativa.

Es necesario un cambio de discurso. La sociedad quiere ponerse de acuerdo.

Es más difícil para un gobierno de centroderecha dirigir o llevar este descontento del que hablábamos, ¿la gente cree menos en su vocación social?

– Quienes viven en la incertidumbre le van a dar la oportunidad a cualquier actor político que entienda la tarea que viene, que tenga la humildad de decirlo en un lenguaje que le llegue a la gente. Todos tienen la posibilidad, no descalificaría a ningún sector político. Aunque los límites están claros, el populismo.

Crecimiento vs. empleo
Esta semana, el Presidente Piñera tuvo que salir a la calle a hablar de economía, a mostrar sus números. Eso, porque la gente no ha sentido que las cosas estén mejor. Crecemos, pero no llega al empleo, por ejemplo. ¿Se generaron demasiadas expectativas?

– El discurso público siempre tiene ese dilema. Si quieres atraer el apoyo inmediato, tiendes a sobreenfatizar los logros y el momento en que lo vas a cumplir. Pero en algún momento hay que ser claro en cuál es la realidad. Y la verdad es que hay una desaceleración de la economía mundial y aumento del desempleo, excepto en Estados Unidos. En Chile se refleja en el precio del cobre y estamos en riesgo de caer en el ciclo bajo de la economía por razones estructurales.

¿Pero por qué cree que se está dando esta dicotomía entre crecimiento y empleo?

– No quiero entrar en ese detalle.

El empleo está siendo un tema hoy en nuestra economía.

– Si la política pública se concentra en lo que hay que hacer mirando los próximos 10 a 15 años, va a haber buenos resultados en términos de empleo y crecimiento. Eso se puede garantizar. Es más difícil, pero también tenemos un proceso de aprendizaje, sabemos cómo hacer las cosas mejor.

¿Y la legislación chilena está preparada para enfrentar lo que se requiere en los próximos 10 a 15 años como dice usted? Hay varias leyes, como la laboral, que se han rigidizado.

– Hay varios ejemplos que uno podría mostrar para graficar que se corre el riesgo de hacer las cosas mal. La regionalización también es uno de ellos. El gobernador regional que se va a elegir democráticamente puede ser capturado por intereses específicos, sin llegar a tener un impacto real en las regiones para mejorar la calidad y la cantidad de lo que se produce.

Si no existe una estrategia de desarrollo productivo para las regiones, los gobernadores se van a convertir en un actor político más de la región, van a competir con el senador, el alcalde y el diputado para hacer su propia carrera política. Simplemente, se va a crear burocracia.

En este contexto de reformas y crecimiento, ¿era necesaria la reforma tributaria?

– Simplificar la estructura tributaria sí.

¿Y la de pensiones?

– Por supuesto.

¿Y la laboral que vendría a fin de año?

– No conozco lo que viene, pero me imagino.

No comparte entonces la crítica de quienes dicen que ha sido una avalancha de reformas.

– No me gusta juzgar. Cada gobierno sabe la capacidad que tiene de articular, de llevar adelante su agenda. Veo que todas las reformas van en la línea correcta.

Larraín II
¿Cómo ha visto la segunda edición de Felipe Larraín como ministro de Hacienda, a usted le hubiera gustado repetirse en ese cargo?

– (Se ríe) Yo creo que el ministro Larraín está haciendo una buena tarea, sin duda. Me imagino que está ayudándolo en eso la experiencia de los cuatro años anteriores. Así como todos los que hemos pasado por el gobierno, mientras más uno se abre a tomar el cargo como un proceso de aprendizaje, mejor es el resultado. Veo al ministro Larraín con una alta capacidad de escuchar y de dialogar. Tengo buenas expectativas de lo que puede ser su gestión.

Le pone fichas entonces.

– Todo va a depender del manejo político del gobierno y de tratar de suprimir la tentación de expresiones, que algunos llaman ninguneo, que yo la encuentro fuerte, a otros interlocutores políticos

Y ahora que como usted dice está fuera de la política activa, mirando el bien del país, ¿con quién cree que está mejor Chile? ¿Con este gobierno de Sebastián Piñera o en una eventual administración de Alejandro Guillier?

– Yo no voy a entrar en eso. Espero que el Presidente Piñera tenga una muy buena gestión, porque el país lo necesita. También espero y deseo que en el futuro nos movamos hacia la racionalidad, no hacia la polarización y confrontación. Y que represente lo mejor que pueda a los sectores medios y nos comprometamos con una mejor calidad de vida para los chilenos medios.

¿Qué ocurrió en Chile que volvimos a niveles de mayor confrontación?

– En el gobierno pasado se produjo una confrontación mayor de la que el país necesitaba, no cabe duda.

¿Quién fue el responsable de eso?

– No quiero entrar en ese tema. Pero soy crítico de cómo se dio la política en ese período. Fue un error polarizar las cosas. Se debería haber buscado un terreno común, una política al centro del espacio y que más gente se sintiera representada. Eso en la parte política, y lo otro responde a lo económico, a lo que hemos hablado, cuando la gente se siente cerca de la trampa, se intranquiliza y se instala el conflicto.

Fuente: La Tercera

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