«Me da mucha rabia la abdicación de sectores intelectuales y políticos de izquierda que justificaron la violencia»

El Mercurio Reportajes
Soledad Vial A.

El excancilles y senador DC señala que tras el 18 de octubre su partido no puede pactar con el PC y el FA, sostiene que no es la hora de la unidad de la oposición, «sino de la diferenciación». Reivindica los 30 años de la Concertación y además, no considera repostularse como parlamentario pero deja abiera la puerta para ser constituyente y redactar una nueva Constitución.


«La crisis de octubre y la pandemia nos mostraron quien es quien, y rayaron la cancha para futuras alianzas»

Lleva dos años dedicado a la Universidad Católica de Valparaíso como docente y a la investigación en Cieplan, el influyente think tank que fue semillero para los gobiernos concertacionistas. El mismo tiempo que lleva fuera del Congreso, pero Ignacio Walker sigue atento -«pendiente», precisa al otro lado de la pantalla, desde su casa – el devenir político y, en especial, el constitucional.

Exdiputado, exsenador y expresidente DC, en estos tres meses y medio de «reclusión» escribió un proyecto de nueva Constitución, tomando el de Michelle Bachelet que está en el Congreso desde marzo de 2017. Es partidario del Apruebo e insiste que solo un agravamiento de la crisis sanitaria podría alterar el itinerario que comienza con el plebiscito de octubre. «Sería muy irresponsable, el acuerdo de noviembre es el rayado de cancha», dice firme. Como excanciller, durante el gobierno de Ricardo Lagos , opina sobre la polémica del cierre de embajadas, «que es expresión de algo más grave: la absoluta alta de consulta y diálogo de este gobierno en lo que se refiere a la política exterior».

En estas semanas también consiguió terminar dos libros que lanzará el segundo semestre. El primero, sobre fe y política, son sus reflexiones como legislador católico que apoyó «siete proyectos de ley en los llamados temas valóricos», el aborto en tres causales, el último.

De la trasición política y los gobiernos de la Concertación trata el segundo libro, «por qué hicimos lo que hicismos», explica.

-¿Su respuesta a los criticados «30 años»?, ¿por qué cree que también prendió en la exConcertación?

-¿No se estará convirtiendo en búmeran la consigna «no son $30, son 30 años», con el estallido social y la pandemis? La pérdida de 1,5 millones de empleos, la destrucción de la propiedad pública y privada han significado un empobrecimiento del país, y vamos a empezar a mirar con otros ojos lo que fue la transición pacíica a a la democracia y los 20 mejores años de la historia de Chile. Son muchos elementos, hay que distinguir entre la protesta social por la desigualdad, el malestar y la violencia en sus distintas expresiones. Lo más lamentable es cómo sectores de la élite política e intelectual miran al techo, hacen la vista gorda, en el fondo, justifican la violencia desde el 18 de octubre. Es el momento más triste de los últimos 8 meses, la gente tendrá que sacar sus conclusiones, porque ha quedado de manifiesto quién es quién en la política chilena.

-¿Por qué hay ese malestar si fueron «los mejores años de la historia de Chile»?

-En los 20 años de la Concertación hubo una capacidad de pensar el país con una estrategia de desarrollo que llamamos «crecimiento con equidad», dejamos de hacerlo en la última década, debilitamos el crecimiento económico de manera muy fuerte y eso significó perder impulso en la red de protección social que estábamos creando. Si el poder adquisitivo de los salarios se duplicaba cada 20 años, en estos últimos 10 años se duplica cada 40 años. Mi autocrítica es que por apurar el paso, a lo mejor, dejamos de lado la necesidad de un crecimiento inclusivo y sostenible que pudiera hacerse cargo de las demandas más sentidas de estos nuevos sectores medios, porque esta rebelión no fue de los pobres de Chile. Mi autocrítica es la tremenda falla del Estado, hace mucho tiempo las personas venían sintiendo en sus barrios el flagelo del crimen organizado, del narcotráfico, de la delincuencia común, y no supimos entender que la misión fundamental es proveerles seguridad. Esa mezcla explotó el 18 de octubre.

-Bachelet II propuso proyectos refundacionales y luchar contra la desigualdad, usted se opuso a varias de sus reformas, ¿fue «miope» como dice Tironi, que se arrepiente de no apoyarla más?

-Mi misión es muy distinta a Eugenio Tironi, con quien suelo coincidir. En mi libro «La Nueva Mayoría refleciona sobre una derrota·, digo que la desprolijidad, la improvisación y desmesura refundacional -54 proyectos de ley en los primeros 100 días- terminaron alienando el voto de centro, moderado, que frente al tremendo ruido de los patines, de la retroexcavadra, terminó volcándose a la derecha y eligió a Sebastián Piñera. ¿Alguien cree que la derecha tiene un 55% de los votos en Chile? En mayo del 2015, al cumplir 15 meses de gobierno, la presidente Bachelet tomó una decisión brutal: cambiar al equipo político y al ministro de Hacienda, debe haberse dado cuenta de los problemas. Apostó por Jorge Burgos y Rodrigo Valdés, por la moderación, y terminaron renunciando junto a todo el equipo económico. Estos no son los matices de Ignacio Walker, aquí hubo una realidad muy compleja y explica nuestra derrota.

-«Nacho se equivocó», ha dicho Francisco Vidal, porque usted como presidente de la comisión de Educación estuvo en contra de esa reforma, ¿se arrepiente?

-No me arrepiento. El proyecto inicial de la Ley de Inclusión era impresentable, el Estado compraba toda la infraestructura educacional del sector privado hasta por US$ 5.400 millones para entregarlo a los mismos privados en comodato, ¡una locura! Con Carlos Montes (PS), Andrés Zaldivar (DC), trabajamos mucho y cambiamos el proyecto, se aprobó, pero ¿cuántos heridos quedaron en el camino? Ese lenguaje y esa forma de hacer política nos pasó la cuenta. Me quedo con la frase del exsubsecretario Francisco Aleuy, un bacheletista: «Creo que la izquierda, el progresismo, la centroizquierda, tiene que tener el coraje de enfrentar la derrota mirándola a la cara». Fue mi gobierno, compartí totalmente sus objetivos, pero debimos hacer las cosas de otra forma. Por eso, el 2017, la gente apostó por crecimiento, empleos y seguirdad, y… obviamente que este gobierno decepció. Tengo una larga lista de críticas para este gobierno, pero me las guardo, porque hoy tenemos que cerrar filas con la autoridad sanitaria y política, de esto se sale solo con unidad.

-¿Tiene ese mismo ánimo la oposición? El expresidente Lagos criticó su rol en la pandemia.

No hay que ser mzquino con la oposición; al final y con fórceps, ha sido aprobando los proyectos centrales del Gobierno: ingreso familiar de emergencia, protección del empleo, créditos a las empresas. Evidentemente, la oposición no está en su mejor momento, hay cinco oposiciones, y la DC está llamada a jugar un rol muy importante como en lo dos primeros años de gobierno. Mi crítica es la izquierda más dura que abdicó frente a la violencia después del 18 de octubre, y con los parlamentarios opositores que fallan de manera rotunda al aprobar proyectos de la ley que son absolutamente inconstitucioales. Es faltar al juramento de respetar la Constitución y pasar una línea roja. Fui parlamentario 16 años, cometimos muchos errores, pero nunca aprobamos proyectos de ley inadmisibles, eso es perforar las bases del Estados democrático de Derecho, pasar la línea roja y, más que populismo, es irresponsabilidad.

-¿Qué liderazgos verdaderoes ve en la oposición?

-Cristian Warnken y Javiera Parada son el tipo de liderazgo que Chile necesita, personas que vienen de la izquierda, que han apostado por un diálogo sin condiciones. También está el liderazgo de quienes concurrieron al «Acuerdo por la paz social y la nueva Constitución· como Gabriel Boric, ese fue el mejor momento de la política y también este último acuerdo económico social con votos PS, PPD Y DC.

-Se ha tensionado el clima político después de ese último acuerdo, ¿qué cree que pasará en la pospandemia?, ¿desperterá la crisis política de esta «hibernación» y la violencia?

La violencia post 18 de octubre no estuvo dirigida contra el gran capital o los «súper ricos», fue contra la señora Juanita que no podía transitar por la plaza Italia o el taxista obligado a pagar peaje, o los 2,8 millones de personas que usan el metro cada día. Me da mucha rabia la abdicación de sectores intelectuales y políticos de izquierda que justificaron esa violencia. La misma noche del 18 de octubre, el PC y una trayectoria antidemocrática al llamar a evasiones masivas, desobediencia civil y la renuncia de Sebastián Piñera. La crisis de octubre y la pandemia nos mostraron quién es quién, y rayaron la cancha para futuras alianzas. El PC y sectores del FA se han automarginado de una política de alianzas prograsistas de centroizquierda, y resulta inexplicable que el PR tampoco firmara el acuerdo económico social al que concurrieron la DC, el PPD y el PS.

«Quien logre posicionar una coalición política más hacia el centro y la moderación va a ganar la próxima elección presidencial»

«La actitud del PC ha sido muy clarificadora»

-¿Qué efecto inmediato ve para las elecciones del 2021?, ¿puede aliarse la DC con esos partidos?

-No existe ninguna posibilidad de que la DC participe en una coalición de gobierno con el PC y el FA, a la luz de su actitud en estos 8 meses. La actitud del PC ha sido muy clarificadora de sus verdaderas intenciones y es muy desilusionante lo que ha ocurrido con lo que queda del FA. Tengo mucho respeto hacia algunos de sus líderes, pero los gallos se ven en la cancha.

-¿Tampoco podrían tener pactos en municipales y parlamentarias, incluso para la presidencial?

-En órganos colegiado como concejales, cores, diputados, senadores, me imagino que la DC intentrá una lista con el PS, PPD, Cuidadanos, y pactos por omisión en alcaldes o gobernadores, de lo contrario la derecha se lleva los 345 municipios y 16 gobernadores. Creo que el candidato presidencial de la derecha será Joaquín Lavín, Izkia Siches en la izquierda y el dran desaío para la DC será dialogar con todo lo que está en el centro; desde el socialismo democrático hasta Evópolis, una centroderecha liberal bien interesante, como también Mario Desbordes y un grupo de diputados RN. He conversado con él.

-¿Han conversado sobre futuras alianzas?, ¿Desbordes no cruzó también «la línea roja» con su apoyo a proyectos inconstitucionales?

-Son conversaciones provadas. Es otro rayado de cancha que nos debe hacer reflexionar, tampoco son buenas ideas al fin del CAE y el retiro anticipado de los fondos de las AFP.

-¿Aspira a un entendimiento con RN si estuvo conversando con su presidente?

-En enero del 2012, la directiva DC firmó un acuerdo con la de RN de Carlos Larraín para un cambio de régimen político y electoral, y de descentralización. Esa misma noche fue liquidado desde La Moneda por el Presidente Piñera y el exministro Larroulet, nunca he visto una forma más ruda de hacer política. Todo dependerá mucho de cómo evolucione Chile Vamos; respeto sus procesos internos, después de octubre la actitud de Mario Desbordes y de un grupo de diputados fue muy notable.

«La política es para protagonistas»

-La tesis de una «minoría dirimente», suya y de Jorge Burgos, ha sido bien polémica en la DC, ¿les está proponiendo no llevar candidato y ser espectadores en las próximas elecciones presidenciales?

-Nos dieron muy duro -se ríe-.
Evidentemente que la política no es para espectadores, es para protagonistas. Sostenemos que noe s la hora de la unidad de la oposición, sino de la diferenciación, que con el 10% es mejor ser una minoría dirimente que inclina la balanza a una minoría subordinada. La DC debe apotar hacia el centro reformista, al modelo de Angela Merkel en Alemania, el liderazgo más potente del mundo, que gobierna con la DC y la socialdemocracia. Eso fue la Concertación y no tengo por qué pensar que está fenecido. Vamos a salir de esta pandemis y del estallido como un país alejado de la polarizción, que va a reclamar estabilidad, crecimiento con equidad, sin abusos ni privilegios, y quien logre posicionar una coalición política más hacia el centro y la moderación, va a ganar la próxima elección presidencial.

-¿No cree que la mayoría DC está por rehacer una alianza con la izquierda, PC y FA incluidos, que hoy tiene a los presidenciables?

-No lo veo para nada así. Fui cinco años presidente y conozco mi partido, a sus bases, y tienen mucha claridad en alejarse de los extremos y construir una alianza hacia el centro. Si fue complicado ser parte de la Nueva Mayoría con 7 partidos de izquierda, ¿cómo sería una alianza de gobierno con 16 como son hoy? La DC ya no sería arroz graneado, como dijo Mario Fernández, sino un pelo de la cola, irrelevante. «Identidad sin complejos» fue mi lema como presidente de la DC, ¿y cómo nos fue? Elegimos 66 alcaldes en 2012, la primera fuerza política nacional. La DC tenía 1,9 millones de votos en 1990 y hoy tenemos 500.000, hemos tenido muchas deserciones, estamos en una posición compleja. Con unidad interna e identidad sin complejos, debemos salir a la cancha a hacer muchas conversaciones e ir construyendo una alianza política con coherencia.

-¿Salir usted mismo a la cancha?, ¿volver al Congreso?

-Nooo, no soy candidato a nada, hay que dar paso a nuevas generaciones, pero feliz apoyo me interesa mucho el debate constitucional.

-Constituyente, entonces…

-Es muy prematuro, veremos.

Fuente: https://digital.elmercurio.com/2020/07/05/R/1S3QGJFN?fromSearch=1&q=ignacio+walker&GotoArticle=J73QQKV9

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