Eugenio Tironi
Martes 27 de Octubre de 2009
Mil capitalismos
Ahora que la crisis económica mundial comienza a quedar atrás, nuestros voceros de “el” modelo han vuelto a sacar la voz para tratar de convencernos de que aquí no ha pasado nada, que el tipo de capitalismo que dominó el panorama mundial desde Reagan hasta septiembre de 2008 vuelve en gloria y majestad. Me temo que están equivocados.
“Miren lo ocurrido con las más recientes elecciones europeas, donde ha ganado la derecha”, nos dicen. Se omiten aquellas donde ha ganado la izquierda, como Portugal y Grecia. Pero dejemos de lado este olvido. Se destaca el caso alemán. La lectura fácil es: perdió la izquierda y ganó la derecha. ¿Es tan simple? No lo es, en absoluto. Bajó la socialdemocracia, es cierto, pero también cayeron los partidos identificados con Merkel, pese a que ésta asumió un discurso anti “capitalismo anglosajón” y pro “equilibrio social”, y aplicó medidas “estatistas” extremas, como la ayuda fiscal para evitar la quiebra de la industria automotriz. Así y todo, el mayor crecimiento lo obtuvo el partido de izquierda, surgido hace pocos años desde sus propias filas, en protesta por las reformas liberalizadoras del Canciller Schroeder. Es cierto que los liberales pro mercado mejoraron su votación, pero mucho menos que la izquierda pro Estado. Por ende, decir que en Alemania se ha producido un vuelco hacia un capitalismo más liberal no es otra cosa que un espejismo ideológico.
Veamos ahora el caso de Francia. Aquí la crisis de la izquierda es profundísima. Pero la razón de esto no reside en que la derecha pro mercado le ganó la batalla en el plano de las ideas o de los programas políticos. No, todo lo contrario. Lo que ha ocurrido es que el astuto Sarkozy aprovechó la crisis económica para dejar de lado su promesa de una Francia más liberal, y refugiarse en el discurso gaullista de su asesor Henri Guaino, que reivindica para Francia un capitalismo opuesto al anglosajón. Esto ha desarmado a la izquierda, aunque no ha conseguido que Sarkozy suba su popularidad, que sigue muy baja. Entre tanto —al igual que en Alemania—, lo que está en alza es la izquierda anticapitalista pura y dura.
Al menos desde aquí, no se ve que Europa se esté moviendo hacia un capitalismo más liberal. Claro, algunos comentaristas dicen que se trata sólo de “arrebatos retóricos”. Curioso argumento: cuando los líderes de derechas reivindican el Estado y las políticas sociales, son sólo frases electorales (flaco favor les hacen con estos comentarios, a decir verdad); pero si lo hace un líder de izquierdas, entonces suena la voz de alarma porque vuelven los “socialistas”.
Pero volvamos al fondo del asunto. ¿Se trata sólo de “arrebatos retóricos”? Que el gobierno de Obama esté interviniendo en la economía como lo está haciendo no parece ser pura retórica. Ni que pretenda hacerlo en el campo de la salud, tampoco. Como tampoco lo es que en Francia, Gran Bretaña y los Estados Unidos se discuta poner límites legales a las remuneraciones de los grandes ejecutivos, o en Suiza, fijar una distancia máxima entre las remuneraciones en el interior de una empresa (lo que ha conducido a que nada menos que Nestlé amenace con irse a otro país).
Nadie ha dicho que el capitalismo vaya a desaparecer con la crisis. Eso es una estupidez. Pero, como señala Martin Wolfe en el Financial Times, “la era de un modelo hegemónico de economía de mercado está en el pasado. Los países deberán… adaptar la economía de mercado a sus propias tradiciones. Y hacerlo con más confianza. Como habría dicho Mao Zedong, “dejemos que florezcan mil flores capitalistas”. Un mundo con muchos capitalismos será más embromado, pero más entretenido. Aunque no les guste a los viudos de “el” modelo.