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Estrategias de Desarrollo y Economía, Fortalecimiento de la Democracia, Cohesión Social en América Latina, Políticas Públicas

Polarización Económica, Instituciones y Conflictos

  • Autor: Ezequiel Molina
  • Año: 2008
  • Editorial: Uqbar

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El concepto de polarización tiene larga data en las ciencias sociales, pero sólo recientemente ha sido traducido a indicadores que pueden ser objeto de mediciones empíricas. Una sociedad se encuentra polarizada cuando está dividida en grupos que son desiguales en alguna dimensión clave del orden social, pero a su vez son homogéneos en su interior: muy cercanos entre sí, pero distintos respecto de otros. La polarización puede ocurrir en distintas dimensiones: raza, religión, etnia, ingreso, etc. Así por ejemplo, se dice que una sociedad está polarizada en lo religioso cuando éste es un factor que divide a su población entre grupos antagónicos. La simple diversidad religiosa no presupone polarización, sino que esta ocurre cuando la identidad religiosa se convierte en un factor de fragmentación y conflicto, como ha sucedido no pocas veces en la historia reciente.

En otro libro de esta colección Eduardo Valenzuela analiza los datos de la encuesta ECosocial-2007, la cual instrumentalizó este concepto e indagó sobre las percepciones de polarización en los planos religioso, étnico, político y social, con resultados muchas veces sorprendentes. En este libro, Leonardo Gasparini, Matías Horenstein, Ezequiel Molina y Sergio Olivieri, del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAS) de la Universidad Nacional de La Plata (Argentina), analizan la polarización desde la perspectiva de los ingresos monetarios, lo cual permite obtener una perspectiva basada no en percepciones sino en datos objetivos.

Como ha sido plenamente documentado, los países de América Latina presentan los mayores índices de desigualdad de ingreso en el mundo. Ellos se originan en una concentración inicial de las tierras y yacimientos mineros que data de los tiempos de la colonia, lo que da lugar a un patrón de desigualdad que se reproduce hasta nuestros días a través de instituciones políticas y sociales que son modeladas por la distribución del poder existente. Las desigualdades económicas representan la principal línea divisoria de las sociedades latinoamericanas, lo que justifica la elección por los autores de este libro de esta variable como base del análisis de la polarización. Por cierto que existen otras fisuras sociales a lo largo de líneas étnicas, raciales, religiosas o geográficas, pero ellas están siempre muy vinculadas con las desigualdades de los ingresos.

Como bien se plantea en este libro la desigualdad y la polarización son conceptos relacionados, pero no equivalentes. En el caso del ingreso monetario, la desigualdad se mide en base a las diferencias que existen entre los perceptores individuales. Para que exista polarización, en cambio, debe haber distancia en los ingresos a nivel de grupos sociales, pero también se precisa que haya identidad al interior de los grupos con ingresos semejantes. Por lo mismo, puede haber procesos que generen cambios en la polarización sin que se produzca necesariamente modificaciones en la desigualdad. Esto explica por qué el análisis de polarización ofrece un "valor agregado", y no es simplemente "otra manera" de mirar la desigualdad.

El libro está organizado en dos partes. En la primera se presenta una completa caracterización de la situación socioeconómica de los países de la región y se provee un perfil de posibles indicadores de polarización para cada país a lo largo del período de quince años comprendido entre 1989 y 2004. La segunda parte relaciona estadísticamente estos indicadores con índices de desarrollo institucional, inestabilidad y conflicto, para verificar la relevancia de la hipótesis de la polarización.

El libro constata un patrón típico de la segmentación de ingresos en las sociedades latinoamericanas. Una fracción de la población tiene altos ingresos monetarios y su nivel de vida está a gran distancia de los demás grupos sociales, asemejándose más a los grupos acomodados de los países desarrollados. En cambio, las capas medias son cuantitativamente pequeñas si se les compara con los países de Europa y otros del mundo desarrollado. Por su parte, la población de bajos ingresos es numerosa y tiende a ser homogénea en cuanto su nivel de vida. La segmentación de ingresos en los países latinoamericanos y del Caribe es elevada si se le compara con otras regiones del mundo. Así por ejemplo, Uruguay es el país con menor polarización de ingresos de la región, pero sus indicadores son similares a Rusia, que es el país con mayor grado de polarización en Europa.

A lo largo del período estudiado, la polarización y la desigualdad de ingresos muestran señales de descompresión en países de alta desigualdad inicial, como Brasil y Chile. Sin embargo, hay movimientos en dirección contraria en países como Argentina, Costa Rica, Venezuela y Uruguay, que originalmente presentaban valores relativamente bajos. El resultado es una cierta tendencia convergente, puestos que los extremos se mueven hacia el centro.

La relación entre distribución del ingreso, institucionalidad y conflictividad en Latinoamérica se explora en este libro utilizando un conjunto de índices especialmente construidos para este fin. Si bien es difícil identificar relaciones de causa y efecto entre las dimensiones citadas, las comparaciones entre países muestran importantes correlaciones estadísticas, las que son consistentes con las hipótesis de trabajo presentadas por los autores. Lo que se encuentra es que los países con instituciones más débiles tienden a presentar, en promedio, distribuciones del ingreso más desiguales. Este resultado rige para distintas medidas de polarización y desigualdad, y no depende del nivel de ingreso per capita del país.
No obstante lo anterior, en la última década no se detectan asociaciones robustas entre los cambios en la distribución del ingreso y los cambios en los indicadores de institucionalidad en los países latinoamericanos. Sí es posible identificar una relación estadística entre los cambios en la pobreza y los cambios institucionales ocurridos desde principios de los noventa. Los autores argumentan que mejoras en el entorno institucional potencian la inversión y el crecimiento, lo que a su vez contribuye a reducir la pobreza. Sin embargo, el desarrollo de mejores instituciones no se traduce fácilmente en distribuciones más igualitarias del ingreso, como lo demuestra la experiencia chilena.
Asimismo, en países con mayores niveles de polarización y desigualdad es más frecuente la presencia de altos niveles de conflicto y corrupción. Las dimensiones de la distribución siempre aparecen como "determinantes" significativos del grado de conflicto, aún después de controlar por distintas medidas de institucionalidad e ingreso per cápita.

El análisis estadístico establece que las disparidades en los ingresos se asocian a menores niveles de confianza entre las personas, a una menor fe en la democracia como sistema y a una mayor aceptación de cambios radicales del sistema político. Dado que la desigualdad es elevada en los países de la región, estos parecen más propensos a caer en situaciones de inestabilidad política, tensión social y conflicto. No obstante lo anterior, los países de la región son proclives a aceptar la democracia, en un hecho que los autores atribuyen a los aprendizajes alcanzados luego de años de dolorosas dictaduras.

Algunos países de la región parecen haber ingresado a un camino virtuoso de una institucionalidad más sólida, un crecimiento sustentable y menor pobreza. Sin embargo, no se han logrado reducciones significativas en la desigualdad y la polarización, de modo que las situaciones de conflicto, tensión social e inestabilidad siguen estando presentes. Otro grupo de países ha experimentado ciclos de deterioro institucional y económico: en estos casos la combinación de una institucionalidad débil con mayores inequidades desencadenó situaciones de tensión social y conflicto.

La coyuntura reciente ha favorecido la reactivación económica en la mayor parte de los países de Latinoamérica. Los autores argumentan que sus gobiernos debieran aprovechar las holguras provistas por el crecimiento económico para impulsar políticas que reduzcan la inequidad y disminuir así los riesgos de conflictos y tensiones sociales. A ello habría que agregar que la búsqueda de la equidad económica es un objetivo en sí mismo, necesario para vivir en una buena sociedad, caracterizada por una distribución justa de las responsabilidades y beneficios de la cooperación social.
Una característica notable del libro reside en su sólido fundamento empírico. En efecto, el estudio que le sirve de base está basado en los mejores datos socioeconómicos existentes para la región. Estos provienen de 54 encuestas de hogares que cubren el período 1989 a 2004 para un total de 21 países. Estas bases de datos son las que cada país utiliza para medir la pobreza, distribución de ingreso y acceso a servicios sociales. Los autores han realizado una importante labor de conciliación de la información provista por los diferentes países, generando una base estadística que entrega datos de calidad para el análisis comparado.

En adición a su contribución analítica de la relación entre polarización y conflicto, este libro presenta una completa caracterización socioeconómica de los países de América Latina y del Caribe. Esta incluye dimensiones como la desigualdad de ingreso, pobreza, desempleo y salarios, escolaridad de la población adulta, cobertura de los servicios de vivienda y servicios básicos, así como acceso a la educación por parte de niños y jóvenes. En tal sentido este libro debiera convertirse en una referencia obligada para especialistas y público general interesado en la actual realidad socioeconómica de América Latina.

Este libro es uno de los resultados del proyecto "Nueva Agenda para la cohesión social en América Latina", que durante dos años ha reunido a sociólogos, economistas y cientistas políticos de instituciones de estudio y pensamiento de la región, entre las cuales destacan la Corporación de Estudios para América Latina (CIEPLAN- Chile), el Instituto Fernando Henrique Cardoso (iFHC- Brasil), el Instituto de Sociología de la Universidad Católica de Chile y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Los resultados principales de este trabajo están siendo publicados en otros dos volúmenes. "Vínculos, creencias e ilusiones. La cohesión social de los Latinoamericanos" y "Redes, Estados y Mercados. Soportes de la cohesión social Latinoamericana" que están a disposición de los lectores interesados.

Osvaldo Larrañaga
Santiago, abril 2008

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